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Tu interés
por la fotografía fue un poco tardío.
¿Por qué?
A
los 36 años estaba casado y tenía mi
vida profesional bastante orientada. Todavía
no sé quién me llevó a la Agrupació
Fotogràfica de Catalunya. Comencé, como
todos, a participar en concursos, que entonces era
lo único que había. Después de
un año, descubrí el ambiente del "Chino",
sus posibilidades fotográficas; y me enganché.
Me identifiqué mucho con ese barrio. Siempre
me ha interesado la fotografía de calle; captar
la expresividad de la gente y de las situaciones,
encontrar el momento en que puedes obtener una imagen
impactante. Mi intención era fotografiar todo
el entorno; porque la gente tenía unos rasgos
y una personalidad fascinantes: las mujeres, los viejos,
los niños... todo el mundo era interesante.
Josep Maria Casademunt, entonces crítico y
difusor cultural de la fotografía en Barcelona,
expuso mi trabajo en la Sala Aixelà y me definió
como "el mejor reportero gráfico español
de todos los tiempos". Un elogio excesivo y muy
halagador viniendo de él.
La exposición tuvo mucho éxito y recorrió
España durante dos años. Después
llegó la edición del libro "Izas,
rabizas y colipoterras", escrito por Camilo José
Cela e ilustrado con mis fotografías del Raval.
Todo ello contribuyó a la difusión de
este trabajo.
Fotografiar en
este barrio no debía de ser fácil. ¿Cómo
te planteaste el trabajo?
Para fotografiar los ambientes
más conflictivos me inventé una manera
de hacerlo lo más discretamente posible. Llevaba
una Leica con un objetivo de 35 milímetros
y utilizaba una película Tri-X, que me ofrecía
mucho margen de exposición... Todo esto lo
aprendí con oficio y llegué a conseguir
una cierta destreza que ha sido la constante de mi
vida fotográfica.
Tu trabajo ha quedado
como un referente histórico del reportaje fotográfico
en España. ¿Qué autores han sido
una referencia para ti?
No sé si soy un referente
para alguien, pero yo no he tenido muchos. Por lo
que conozco de él, William Klein es uno de
los fotógrafos que más me han interesado.
No obstante, desde que comencé no he querido,
quizás equivocadamente, ver demasiadas fotografías
de otros en libros y revistas. Yo quería hacer
mis propias fotos a mi manera y sin influencias. Soy
totalmente intuitivo y autodidacta; la técnica
me la he hecho yo mismo a la medida de mis necesidades
y gustos.
No has dado a conocer lo que has hecho posteriormente,
como el trabajo en color que llevas más de diez
años realizando. ¿Por qué?
Mi manera de trabajar me
permitía meterme en lugares y situaciones que
parecen vedadas para un fotógrafo, puesto que
comportaban un cierto peligro, además del riesgo
de hacer públicas las fotografías sin
el consentimiento de la gente retratada, ya que entonces
no había jurisprudencia sobre este tema.
Por esta última cuestión, me encontré
con que hacía muchas fotografías y luego
no podía llevarlas a ningún sitio. Los
concursos no eran muy convenientes, exponerlas podía
ponerme en un compromiso; y tener que seleccionarlas
en función de si estaban libres de cualquier
posible denuncia, no valía la pena.
A causa de todo ello opté por ser coleccionista
de mis propias fotos. Lo he estado haciendo toda mi
vida y por eso no se conoce mi trabajo. Sólo
se ha visto una pequeña parte de toda mi obra...
¿Piensas que este importante premio es un reconocimiento
definitivo, aunque sólo se haya valorado la parte
conocida de tu obra?
Igual que ocurre con otros autores, mi trabajo de
referencia es el que hice 40 años atrás.
Es lógico que sólo se conozca mi obra
de aquella época por que no he expuesto ni
publicado durante todo este tiempo; pero yo nunca
he dejado de fotografiar y me hubiera gustado que
el jurado también hubiese considerado el trabajo
que he hecho posteriormente. Estoy contento y agradecido
por el premio y todo lo que supone, pero me dolería
que se pensara que mi obra, globalmente, no es lo
suficientemente extensa como para justificar un premio
de estas características.
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