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FRANCESC
BOIX
el fotógrafo de Mauthausen
Por Paco Luís
del Pino (UPIFC) |
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Durante
años, tras su decisivo testimonio en Nuremberg
y Dachau, la figura del fotógrafo comunista
catalán Francesc Boix Campo (Barcelona 1920
- París 1951) quedó postergada.
Y sus fotografías del horror nazi paulatinamente
fueron relegadas y semi ignoradas por un mundo que
intentaba reconstruirse. Montserrat Roig se interesó
por su historia en los años setenta y con
la publicación de "El catalans als camps
nazis" (Edicions 62, 1977 -última reedición,
Península 2001-) lo rescató de esa
niebla, peor en ocasiones que la muerte física,
que el desprecio y omisión por la historia
convierte en el vacío de la nada.
El pasado año (ver L'A n¼ 21, 3r trim. 2000),
Francesc Boix regresó del olvido con el premiado
documental televisivo "Francesc Boix, un fotógrafo
en el infierno", dirigido por Llorenç
Soler (UPIFC) sobre un guión del historiador
Benito Bermejo, el cual a su vez también
es autor de la reciente biografía "Francisco
Boix, el fotógrafo de Mauhausen" (RBA,
La Magrana), para la que ha realizado cientos de
entrevistas, a través de diez países,
a todos aquellos que le conocieron personalmente
y/o podían aportar datos fiables de interés.
Benito Bermejo presenta a un Boix inquieto y amante
de la fotografía desde muy joven, que con
una Leica en las manos colaboraba junto a Joaquín
López Raimundo y Teresa Pàmies en
la redacción de Juliol, la revista de las
Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Era en
1936 y tenía dieciséis años.
Dos años más tarde, en 1938, lo encontramos
formando parte de la 30.» División, la antigua
"columna Macià-Companys". |
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A continuación, derrota
republicana y retirada a Francia, donde después
de pasar por varios campos de internamiento, se alista
en septiembre de 1939 en la 28.» Compañía
de Trabajadores Extranjeros, que integrada en el V
Cuerpo de ingenieros tiene su teatro de operaciones
en los Vosgos. Francesc Boix es hecho prisionero por
los alemanes en mayo de 1940 y deportado en 1941 al
campo de exterminio de Mauthausen como "votspanier"
(español rojo). Por el siniestro campo pasarían
200.000 prisioneros, de los que la mitad se quedarían
en él para siempre.
Bermejo cuenta en qué condiciones se encontraba
la familia de Boix mientras sucedía esto, y
relata la muerte del padre, Bartolomé, sastre
del Poble Sec (Barcelona), que al poco de salir de
la cárcel Modelo, después de conocer
también un campo de concentración, fallece
el 2 de abril de 1942. Su hijo Francisco, "Franz"
para los alemanes, llevaba un año y medio entre
las electrificadas alambradas de un campo nazi. Su
hermana Nuria, la más joven de la familia (que
vive actualmente en México), huérfana
de madre desde los siete años, tuvo que cuidar
a su padre en condiciones muy difíciles y sobrevivir
a unos años de postguerra durísimos.
Francesc Boix permaneció durante más
de cuatro años en el campo de exterminio, donde
primero realizó tareas de intérprete
y después, como fotógrafo, se dedicó
a revelar las películas y las fotos que los
SS hacían para documentar la historia del campo.
Benito Bermejo recoge con minuciosidad en su libro
todos los elementos importantes de la vida de Boix
en Mauthausen: cómo se salvaron los veinte
mil negativos y positivos que con la ayuda de varios
compañeros robó a los nazis de los laboratorios
del campo, y de los que tan sólo se han localizado
un millar escaso.
Documentos únicos de las terribles condiciones
de vida (y muerte) en Mauthausen, de los asesinatos
y los suicidios reales o fingidos (obligados) de los
allí internados, y de toda una gama de monstruosidades
que avergonzarán para siempre al ser humano,
así como de los jerarcas nazis y oficiales
SS que visitaban el campo.
La Leica de un reportero
Aprovechando la debacle del Reich, la organización
clandestina de los prisioneros liberó el campo
y Boix empuñó la Leica para registrar
la llegada de las primeras tropas norteamericanas,
así c?omo diferentes escenas del campo entre
la vida y la muerte de sus míseros habitantes.
Suyas son también las fotos que testimonian
el interrogatorio y agonía, entre transfusiones
de sangre, del comandante de Mauthausen y de los campos
anejos, Franz Ziereis, herido durante su captura por
una patrulla estadounidense en una zona montañosa
en el centro de Austria, y llevado al hospital de
evacuación 131, en el antiguo campo de Gusen,
a cinco kilómetros del campo central de Mauthausen.
En su libro, Bermejo nos muestra, secuencia a secuencia,
cómo se dieron a conocer después las
fotos en Francia mediante su publicación en
el vespertino Ce Soir y en la revista ilustrada Regards
(afines al PCF), y como por esas fotografías
Boix fue llamado a testimoniar primero en Nuremberg,
y meses más tarde en Dachau en un juicio contra
61 criminales de guerra de Mauthausen. Boix siempre
reivindicó su condición de refugiado
español en los procesos en los que intervino,
y en los que su decisivo testimonio sirvió para dar a conocer al mundo las atrocidades nazis
y condenar a sus responsables.
La biografía de Francesc Boix, se cierra con
la narración de los últimos años
que vivió en Francia. De su trabajo como reportero
cubriendo todo tipo de informaciones de actualidad;
de sus viajes a Argelia en 1948 y a Praga en 1947,
para cubrir los Congresos Mundiales de la Juventud,
y a Budapest en 1948. Informó también
con su cámara sobre la guerra civil griega,
y siguió el Tour de Francia varios años.
Nadie sabe qué ocurrió con el manuscrito
del libro de memorias que estaba preparando antes
de su muerte, que nunca se publicó, y que pensaba
titular "Spaniaker", palabra despreciativa
que utilizaban los nazis para los españoles.
El libro de Benito Bermejo ayuda a recuperar a Francesc
Boix, y a darle una dimensión humana más
completa, a afianzarlo entre los grandes de la fotografía,
y sobre todo, a apreciarlo como un hombre sencillo,
valeroso y libre, que vuelve del mundo de los muertos
con su legado para vivir ya siempre entre nosotros.
Paco Luís del Pino
(UPIFC)
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