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"Los ojos de la guerra"
es un libro excepcional por tres razones al menos. Primero,
por rendir homenaje a un gran reportero muerto en acción,
el español Miguel Gil Moreno de Mora Macian,
y por ende, a su colega y amigo caído en la misma
emboscada en Sierra Leona, el 24 de mayo de 2000, el
estadounidense y veterano corresponsal Kurt Shork. También,
porque la participación de setenta corresponsales
con sus relatos sobre la profesión y el recuerdo
a los compañeros desaparecidos, ha contribuido
a crear con los beneficios del libro el premio periodístico
Miguel Gil. Y finalmente, por la participación
en la obra -cuya edición han coordinado Manuel
Leguineche y Gervasio Sánchez, autores también
del prólogo-, de Julio Fuentes, uno de los mejores
enviados especiales que han cubierto conflictos en los
últimos veinte años, asesinado en Afganistán
el 19 de noviembre de 2001 junto a tres periodistas
más.
Los dos textos que Julio Fuentes escribió como
tributo a Miguel Gil son una mezcla de emoción
por el compañero caído, y de denuncia
por las condiciones de trabajo en zonas de riesgo de
algunos periodistas: "El español Miguel
Gil, el estadounidense Myles Tierney - también
asesinado en Sierra Leona - y Kerem Lawton, cámaras
y productores de la agencia estadounidense APTN, eran
periodistas de élite mal pagados que sacrificaron
involuntariamente sus vidas para ofrecer a las televisiones
de todo el planeta un pedazo de historia viva, cruel
y despiadada del mundo".
"Los ojos de la guerra" también es
un recorrido por algunos de los grandes conflictos del
siglo XX, y una radiografía profunda y descarnada
de un oficio tan mitificado como mal comprendido. Asimismo
recoge un tanto de la historia de quienes lo han ejercido.
Desde la famosa crónica de la carga de la Brigada
Ligera en Crimea que encumbró a William Howard
Rusell, enviado del Times que cubrió la guerra,
a las de Robert Capa en el desembarco de Normandía.
Un esclarecedor texto del escritor y periodista polaco
Ryszard Kapuscinski abre la última parte del
libro, donde se hace una reflexión profunda y
dura desde diferentes ángulos sobre la guerra
y el periodismo. Este último capítulo
tiene su epílogo en "El día siguiente",
del reportero de "La Vanguardia" Bru Rovira,
quien plantea la soledad y vacío en el que quedan
las ciudades y las zonas devastadas por la guerra cuando
ya no son noticia. Una cuestión digna de estudio,
cuya importancia queda relegada al olvido casi siempre.
"Hay que ir a las guerras, claro, pero luego hay
que volver a la posguerra". Una afirmación
que debe incitar a la reflexión a cuantos lean
este excelente libro, que por tener, tiene hasta el
título justo: "Los ojos de la guerra"
Paco Luís del Pino (UPIFC) |