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Hace pocas semanas, un diario
de tirada nacional publicaba un extenso artículo
en el que se esbozaba el estado actual de la fotografía
de prensa. La pieza en cuestión incluía
alguna aportación interesante pero su titular
no podía ser más desafortunado. "El
fotoperiodismo entra en crisis", anunciaba a cuatro
columnas la autora de este artículo. Este titular
podría tener algún sentido de haber sido
publicado años atrás, pero no a finales
del 2001, cuando es evidente que la fotografía
de prensa lleva lustros inmersa en una tremenda crisis
de identidad.
En un país como el nuestro, huérfano de
reflexiones serias sobre la situación del fotoperiodismo,
resulta especialmente gratificante sumergirse en una
obra como la Pepe Baeza, titulada "Por una función
crítica de la fotografía de prensa"
y recién editada por Gustavo Gili en su nueva
colección FotoGGgrafía.
Inteligente, arriesgado, lúcido, combativo, el
libro de Baeza ya se ha convertido, a las pocas semanas
de aparecer en el mercado, en una obra de referencia
obligada del periodismo actual. El libro abarca una
extensa selección de temas que van desde el escenario
general de la imagen de prensa hasta la apuesta por
la calidad en la edición gráfica, pasando
por la fotografía documental, la fotoilustración,
etc. Como manifiesta el propio autor en la introducción,
"cada capítulo puede abordarse al margen
de los demás; constituyen por separado pequeños
análisis monográficos que, desde luego,
cobran su sentido completo en el conjunto de la obra
pero que permiten también una lectura individual
de cada una de sus partes".
Ya sea por separado o de forma global, lo cierto es
que la lectura de este libro no tiene desperdicio. Como
suele ocurrir en toda relación apasionada -y
no cabe duda de que la de Pepe con la fotografía
lo es, a través de su triple condición
de fotógrafo, profesor universitario y editor
gráfico del Magazine de La Vanguardia, el autor
asume riesgos y adopta compromisos. Todo con el objetivo
de analizar la función de la fotografía
de prensa en el escenario mediático actual.
La postura crítica de Baeza resulta, desde mi
punto de vista, especialmente encomiable. Mantener una
posición combativa frente a los medios de comunicación
no resulta demasiado complicado cuando uno se encuentra
al margen de las estructuras empresariales, pero ya
resulta bastante más arriesgado cuando el que
mantiene dicha postura lo hace desde las entrañas
de una empresa periodística. Como él mismo
apunta, "el designio de los medios (de comunicación)
supone la consideración de la prensa como producto
y de sus contenidos como mercancía". En
esta tesitura, el periodista ha acabado por convertirse
en un ser dócil, domesticado y servil, incapaz
de ejercer la más mínima autocrítica.
Mostrar abiertamente la envenenada relación que
se ha establecido entre la prensa y la publicidad, con
el consiguiente condicionamiento de los contenidos periodísticos
a la todopoderosa maquinaria publicitaria, es un buen
ejemplo de esta postura arriesgada que sostiene Baeza.
Valiente es su discurso, como valiente es su tarea de
editor gráfico. En otro excelente libro de reciente
aparición, titulado "Los ojos de la guerra",
el fotógrafo Carlos de Andrés afirma:
"Sólo algunos editores, como Pepe Baeza,
han sido capaces de crear los puentes necesarios de
respeto, comprensión y estilo, lógicos
y profesionales para las diarias o eventuales colaboraciones
imprescindibles entre los fotógrafos free-lance
y los medios". Sirvan las palabras de Andrés
como muestra de que los postulados de Baeza no se limitan
a quedar impresos en un libro sino a ser defendidos
en el ejercicio diario del periodismo. Como diría
Gilles Peress, "si no ves el mundo, difícilmente
vas a cambiarlo".
La renovación se impone pues como única
salvación. De lo contrario, tal y como vaticina
Baeza en su Epitafio prematuro para la prensa, "la
prensa, tal como todavía podemos imaginarla,
morirá lentamente, engullida por el interés,
la banalidad y la indiferencia. Lo que le ocurra a la
imagen será el primer síntoma de lo que
vendrá después".
Sandra Balsells (UPIFC)
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