EL CLUB DEL BANG BANG
(instantáneas de una guerra encubierta)
El club del bang bang
Autores: Greg Marinovich y Joao Silva.
311 páginas. PVP 17 euros.
Grijalbo ISBN: 84-253-3674-O

"Tanto recurrieron los santos a la facilidad de la paradoja que es imposible no citarlos en las tertulias"
E.M. CIORAN

"Con el diafragma a f 5.6 bastará", se dijo Greg Marinovich al comprobar que el fotómetro de su cámara no funcionaba. Frente a él, un hombre acuchillado, maltrecho y envuelto en llamas corría hacia su inevitable fin. La foto mostraba a un hombre de mediana edad acusado de ser un zulú del Partido Inkata por los jóvenes del ANC (Congreso Nacional Africano), el 15/09/90 en una zona de alta tensión en Soweto.
La instantánea se publicó en AP y su autor empezó a cobrar notoriedad. En abril de 1991, se le concedió el Pulitzer de fotoperiodismo por su trabajo en la guerra de los Albergues. A finales de 1990, Joao Silva, el coautor del libro y superviviente, junto a Marinovich, del "Club Bang Bang" recibía su bautismo como fotógrafo de escenas violentas en el campo de ocupantes ilegales de Phola Park de Thokoza. Silva que llegó a Suráfrica a los nueve años, desde la por entonces colonia portuguesa de Mozambique, descubrió al crecer que quería convertirse en fotógrafo de guerra.
Tanto él como Marinovich y el resto del grupo bang bang, comprobaron que las cámaras no siempre protegen del horror que se fotografía. Ken Oosterbroek, que ganó el primero de sus dos premios "Ilford" al mejor fotógrafo de prensa surafricana en 1989, había escrito en su diario en sus comienzos profesionales: "Espero morir con la mejor fotografía de guerra de todos los tiempos en el carrete de la cámara; si no es así, no habría valido la pena".
Oosterbroek murió sin conseguir su propósito en abril de 1994, como consecuencia de un disparo ¿fortuito? en la ciudad dormitorio de Thokoza. La imagen de un buitre acechando a una niña desmayada y agonizante de hambre sobre la arena en Sudán dio la vuelta al mundo.
Publicada en la última edición del New York Times, el 30 de marzo de 1993, consagró a Kevin Carter al conseguir un Pulitzer de Fotografía. Pero también creó en su autor una angustia que se instaló en las crisis de inestabilidad que sufría, y que su adicción a las drogas empeoraba. Le preguntaban continuamente, y desde diferentes partes del mundo, si había salvado a la niña, o si la había dejado a merced del buitre una vez hecha la foto. Kevin Carter se suicidó en 1994. La fotografía, mejor dicho, el fotoperiodismo, fue el nexo de unión de estos cuatro jóvenes. Su amistad, competencia y entrega profesional en aquellos últimos años del apartheid, quedan reflejados en este libro, tanto en sus fotografías, como en un texto escrito desde la intimidad de sus vidas, que explica quiénes eran, y el porqué de "El Club del bang bang".
Del cuarto oscuro de una época no tan lejana, Greg Marinovich y Joao Silva revelan la película del horror sudafricano, cuando las fuerzas de seguridad blancas fomentaban las rivalidades interétnicas, y armaban a los guerreros del Inkatha, adiestrando militarmente a sus miembros para que masacraran, con la connivencia de la policía, a los"camaradas" del ANC. De todo ello fueron testigos excepcionales para informar al mundo de lo que sucedía.
Marinovich pagó su tributo en sangre en dos ocasiones,y fue amenazado de muerte cuando cumplía su misión en Soweto por la Vlakplaas, la tristemente famosa unidad policial, responsable de múltiples asesinatos de surafricanos negros. "El club del bang bang" rescata del olvido también a grandes fotógrafos negros, como Peter Magubane, quien se dedicó desde mediados de los años cincuenta hasta principios de los sesenta, a denunciar con su cámara a granjeros blancos que tiranizaban brutalmente a sus obreros negros.
Por ello, Magubane, sufrió penas de prisión en dos ocasiones. Como ejemplo del funcionamiento de la justicia surafricana, una de las veces pasó quinientos ochenta y seis días aislado en una celda sin que se presentaran cargos contra él. O Sam Nzima, autor de la imagen sudafricana probablemente más famosa, que recoge a un niño transportando a duras penas a un compañero de clase, Hector Peterson, herido de muerte por la policía en el levantamiento del 16 de junio de 1976 en Soweto.
Ramón Lobo, veterano reportero que conoce y ama África, dice en su acertado prólogo: "El fotógrafo que fotografía y corre acaba poniendo rostros a los muertos y descubre los colores íntimos de un féretro cualquiera y a través de ellos distingue una realidad inmensa que no cabe en los encuadres". Esta es, en esencia, una de las realidades que aborda este libro: una historia en blanco y negro que se sale del encuadre para adentrarse en la sensibilidad de quienes lo lean.

Paco Luís del Pino (UPIFC)

© Kevin Carter
Un buitre parece estar al acecho de una niña famélica en la aldea sudanesa de Ayod, en marzo de 1993. Esta foto obtuvo el Premio Pulitzer de Fotografía.
© Greg Marinovich
Un niño somalí hambriento y enfermo espera la muerte en el centro de una ONG en Baidoa. Esa sala se habilitó para los niños que estaban demasiado mal para que los voluntarios malgastaran con ellos la poca comida y medicinas de que disponían
© Greg Marinovich
Un miembro del ANC intenta ponerse a cubierto de los disparos de la policía durante los violentos enfrentamientos que se produjeron en el funeral del lider militar del ANC y del Partido Comunista, Chrís Hami, el 19/04/93. Hani fue asesinado por extremistas blancos. Inmediatamente se fijó la fecha electoral para un año más tarde.
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