Artículos de opinión aparecidos
en L'A30 - 4to Trim 2002

- El caso de la foto premiada, por JOSEP Mª CASASÚS / Defensor del Lector de La Vanguardia.
- Insultos contra la honestidad, por PEPE BAEZA (UPIFC) / Profesor de periodismo de la UAB.
- Diarios: libro de un hombre herido, por JORDI GRÀCIA / Periodista de El Periódico

© Javier Bauluz (UPIFC)
Una pareja de bañistas observa indiferente el cadáver de un inmigrante ahogado tras el naufragio de su patera.
Zahara de los Atunes (Cádiz), otoño de 2000.
El caso de la foto premiada (1)
JOSEP Mª CASASÚS / Defensor del Lector de La Vanguardia

(1) Artículo publicado en La Vanguardia del 15/12/02. Reproducido con autorización.
Me dice el lector José Salvatierra que en Tele 5 vapulearon una foto de Javier Bauluz. Es una foto que fue publicada originalmente en el "Magazine" de "La Vanguardia" y después en la portada de "The New York Times", distinguida con el Premio Godó de Fotoperiodismo y finalista en el certamen Rory Peck de televisión independiente.

Expone el lector su indignación por lo que oyó en aquel programa de televisión a propósito de la citada fotografía: "El periodista Arcadi Espada afirmó que aquella foto de un inmigrante muerto en la playa es una falsedad, una estafa. Como lector fiel a La Vanguardia le pregunto si este diario piensa dar explicaciones sobre este caso". La consulta es procedente. Pido explicaciones.
La foto forma parte de un reportaje publicado en el "Magazine" del 1 de octubre de 2000. Planteo el asunto a Josep Carles Rius, uno de los subdirectores del diario, debido a que el citado suplemento se integra en el ámbito de sus competencias.

Extracto las sucesivas alegaciones del pe-riodista Rius a mis preguntas: "Esta foto que el lector vio en televisión la comenta también Arcadi Espada en ‘Diarios’. Es una de las fotos del reportaje, realizado por José Bejarano y Javier Bauluz, que reflejaba tanto una cierta anestesia colectiva como la reacción solidaria de algunos sectores de la población ante la tragedia de la inmigración y los naufragios de pateras que en aquel verano del 2000 arrojaban cientos de víctimas mortales a las playas andaluzas".
Centrémonos. Las objeciones apuntan sólo a una fotografía, no al reportaje.

Continúa Rius: "Espada elige una fotografía del reportaje, la extrae de su contexto perio-dístico (tanto del resto de imágenes como del texto) y construye una teoría que nada tiene que ver con la realidad que se vivió en aquella playa de Zahara de los Atunes una tarde del mes de septiembre del año 2000. La foto que abre el reportaje bajo el titular ‘Muerte a las puertas del paraíso’ muestra a una pareja de bañistas bajo una sombrilla y al fondo el cadáver de un inmigrante sobre la arena. En las páginas siguientes se publican fotos de las pertenencias de la víctima y de agentes de la Guardia Civil introduciendo el cuerpo en un ataúd y posteriormente trasladándolo por la playa con una pareja al fondo jugando a palas en la orilla. El reportaje sigue con fotos de guardias civiles y vecinos ayudando a inmigrantes ateridos que acaban de llegar en otras pateras, y se completa con el testimonio de Silvia, una mujer que, embarazada, cruzó media África (desde Sierra Leona) para encontrar un futuro para su hijo".

¿Por qué se ha dicho que la foto es falsa?, pregunto.

Rius contesta al defensor del lector: "Espada parte de un dato absolutamente falso cuando dice: ‘A Bauluz le bastó para construirla (la foto) con un encuadre que aislara a las otras figuras presentes en el drama: policías, médicos, leguleyos, personal de asistencia, curiosos, bañistas, y una óptica adecuada que colocara en una falsa cercanía a los bañistas y el cadáver’".

Sostiene Rius: "La fotografía no está tomada con ninguna óptica que deforme la realidad y cualquier experto en fotografía lo aprecia a simple vista. Los equipos que retiraron el cadáver no salen en la foto porque, desbordados por lo que ocurría aquellos días, tardaron horas en llegar. Los médicos y leguleyos simplemente no acudieron. En el reportaje se explica que ‘hace tiempo que los jueces y forenses de Algeciras dejaron de acudir al levantamiento de cadáveres. ¿Un inmigrante? Levántelo usted mismo, agente. La forma de retirar los cadáveres le recuerda al responsable de Protección Civil de Tarifa, Rodrigo Serrano, la limpieza de la contaminación’".

Sin embargo, Espada afirma lo siguiente: "El autor de la fotografía y sus primeros editores dijeron que revelaba un hecho: la indiferencia de Occidente ante el drama de la emigración magrebí. Es, exactamente, en lo primero que debemos fijarnos, pues la foto no existe al margen de este dispositivo simbólico. El hecho que pretende reflejar no existió nunca. Nunca hubo esa relación de indiferencia, en una playa de la costa de Cádiz, entre los dos bañistas y el cadáver. Nunca hubo ese silencio ni esa soledad".

¿No se particularizó abusivamente en esta foto la simbolización de la indiferencia?

Rius alega: "Evidentemente, no era sólo la indiferencia de la pareja de la foto, pero sí que la imagen transmitía una indiferencia colectiva. Y aquí está el segundo gran argumento esgrimido por Espada, que tacha la imagen de ‘pura ficción simbólica’. La fotografía capta un hecho (la pareja cerca del cadáver) y el periodista sabe cuál es el contexto de la foto y, por consiguiente, puede interpretarla. Y cuando Javier Bauluz, José Bejarano y los editores del ‘Magazine’ deciden darle el valor simbólico de la indiferencia es porque saben qué ocurrió aquella tarde en la playa de Zahara de los Atunes. Porque tienen la información y multitud de fotos que explican qué ocurrió (algunas de estas fotos resultan muy poco afortunadas para la pareja, que permaneció durante horas en el mismo lugar). Nada excepcional, lo que pasaba casi cada día, la normalidad ante la muerte de inmigrantes, pero que nadie había recogido, porque era mejor mirar hacia otro lado, en un silencio cómplice que algún día la historia echará en cara a este país. Espada no estaba allí, ni preguntó a los que estaban".

En defensa de los lectores debo manifestar que en aquel reportaje no se falseó la realidad. De enero a septiembre del año 2000, los servicios de Protección Civil contabilizaron 263 cadáveres sólo en aquella parte de la costa de Cádiz. Los lectores tenemos derecho a conocer la realidad, aunque a todos, incluidos los periodistas, por supuesto, nos duela constatar la indiferencia humana, sin adjetivos geográficos o culturales, respecto a la muerte y al sufrimiento ajeno.

Reportajes como el comentado contribuyen a eliminar la ignorancia y la incomprensión entre los pueblos, a fomentar la solidaridad, a hacernos más sensibles a las necesidades y deseos de los otros.


Insultos contra la honestidad
PEPE BAEZA (UPIFC) / Profesor de periodismo de la UAB
© Javier Bauluz (UPIFC)
La Guardia Civil retira el cadáver de un inmigrante ante la indiferencia de unos bañistas que juegan a pala.
El insulto es la forma más eficaz de hacer imposible el intercambio de puntos de vista. Es difícil responder a alguien con argumentos cuando las primeras palabras del otro son insultos gravísimos. Me refiero al texto de Arcadi Espada que se refiere a la fotografía de Javier Bauluz de la pareja sentada bajo la sombrilla con el cadáver de un africano a escasa distancia .Una foto publicada originalmente en el "Magazine" de "La Vanguardia", de cuya edición gráfica me ocupo. Considero que esa imagen es uno de los mejores ejemplos de periodismo crítico, comprometido y movilizador de los últimos tiempos. Una foto que forma parte de un reportaje, de un contexto compuesto por otras fotos equivalentes, más un texto, unos titulares y unos pies de foto que configuran un sentido global que el ataque de Espada debe dejar deliberadamente oculto. Sólo existe, para él, esa foto; y sin poder negar su autenticidad la descalifica como "¡falsa, falsa, falsa!". ¿Por qué? Nunca queda claro, más allá de los apriorismos de "repugnante mentira", "pura ficción simbólica", "zafia pamplina", "jueguecito de pulitzers inmorales". Si Espada hubiera buscado responsablemente abrir un debate a propósito de esas fotos, tendría que haber buscado otra forma de hacerlo. Así pues, ¿qué es lo que buscaba? Que él mismo se lo pregunte.

El desarrollo de lenguajes visuales fotográficos capaces de darnos información, interpretación y de paso contribuir a nuestra movilización solidaria como ciudadanos queda resumido así por Espada: "El discurso del fotógrafo [Bauluz, en este caso] se instala, pues, en la pura ficción simbólica. Puede hacerlo gracias al largo entrenamiento que gentes de su oficio y con similares estrategias llevan aplicando al lector desde la violenta y exitosa irrupción de la fotografía en los periódicos". Le molestan las fotos periodísticas; tiene derecho, aunque sea una postura irresponsable que cede el uso de los territorios visuales a otros fines menos dignos. Pero no tiene derecho a insultar gravemente a quien elige la fotografía de realidad –nada ficticia, por cierto, aunque siempre subjetiva– como forma de dar información sobre los seres humanos incluyendo toda la carga de simbolismo y el uso de metáforas que conlleva cualquier forma de expresión humana mínimamente elaborada.

Si alguien quiere obtener legitimación y prestigio, es el autor de un texto que condena –sin haber hablado nunca con él– a un fotógrafo solidario, valiente y comprometido como Bauluz. Hasta sabe mal dedicar atención a un texto tan puramente difamatorio. Pero hay que hacerlo para que no parezca que dejar sin respuesta estos ataques es concederles razón alguna.

Me siento íntimamente comprometido con la publicación de ese trabajo. Me llena de orgullo haber contribuido a su publicación. ¿Contradicciones? Por supuesto; me hubiera gustado que la pareja hubiera plegado la sombrilla ese día y que, puestos en pie, hubieran adoptado una postura de respeto hacia el ser humano muerto junto a ellos, más allá de si otros en la misma playa, más alejados, se mantenían aparentemente indiferentes. Claro que nunca podemos estar en la cabeza de otros y saber qué sentían, y por supuesto la foto no se publicó para crear un problema a la pareja; en cualquier caso, en el dilema real de si publicarla o no, para mí, es abrumador: el peso de la carga ética de abordar por vez primera la relación de la sociedad española con esa inmensa fosa común que es el Estrecho y cuya responsabilidad, al menos en una parte, corresponderá a la decisión política de hacer prevalecer el concepto de disuasión frente al concepto de salvamento y acogida, con la indiferencia mayoritaria de la sociedad como condición necesaria.

Pero esta parte del análisis no interesa a Espada, que ridiculiza la "modestia franciscana" de Bauluz. Desde luego, es un rasgo de carácter que no comparten.

El texto de Claudio Magris escogido para condenar el trabajo de Bauluz es, en cambio, un prodigio de intuición y sensibilidad para interpretar un caso casi idéntico: "… las formas encierran siempre una auténtica sustancia y no es lo mismo reírse a un metro que a quinientos metros de distancia de un hombre que se muere o está muerto." El trabajo de Bauluz, como el que Espada toma como ejemplo, insta a pedir perdón. Y para eso está hecho. Es cierto que la indiferencia de Occidente se manifiesta de formas mucho más dolorosas que disfrutando de la playa junto a un inmigrante muerto. Pero también se manifiesta así. Y si el color de la piel no tiene relevancia en el necesario respeto a un muerto, la diferencia política entre el otro caso que cita Espada en su escrito, el accidente ocasional de un bañista, y las 600 muertes previstas en el Estrecho para los próximos 12 meses hace el trabajo de Bauluz inmensamente esclarecedor, responsable y necesario desde un punto de vista moral y político. Me gustaría, por cierto, saber qué opina Magris de ser citado extensamente para desacreditar a Bauluz.

A Espada le molestan los fotógrafos que se hacen testigos de la brutalidad: "No cazamos, dirían. Sólo trabajamos con cadáveres". Efectivamente, los cadáveres que otros, no el fotógrafo, provocan y cuya visión los poderes intentan, una y otra vez, obstaculizar en todo el mundo.

Frente a la foto de glamour, la fotografía de testimonio es cada vez más perseguida por diferentes órganos represivos y peor pagada por el "mercado". Y la otra parte de la tenaza es el pensamiento posmoderno (premoderno, en este caso) que la castiga, bien como desfasada e inútil, bien como inmoral. Los fotógrafos testimoniales están en peligro de extinción, y si se quiere contribuir al necesario debate crítico sobre su función, no se puede empezar insultando.

Lo más perverso del planteamiento de Espada es intentar que a aquellos que buscan los caminos para realizar un periodismo responsable y solidario se les espere con la descalificación insultante, violenta y paralizante de quienes, a lo mejor no premeditadamente, comparten objetivos con la censura implícita que inmoviliza a gran parte de la prensa; hasta intentar, en palabras de Kundera, que la víctima busque incansable su culpa. Pero no hay culpa en Bauluz. Creo que sí, de egolatría y de inutilidad, en Espada.

¡Verdad, verdad, verdad!

Las fotos de Bauluz son humana verdad, inestable, incompleta y subjetiva si se quiere, pero verdad frente a tanta vacuidad; verdad frente a los comentarios venenosos de quien dice hacer periodismo insultando a quienes lo hacen de verdad. Contestemos porque hay que hacerlo, y después que cada cual siga su camino y que el tiempo ponga a cada uno en su sitio.


Diarios: libro de un hombre herido
JORDI GRÀCIA / Periodista de El Periódico

Me fui de cabeza al último libro de Arcadi Espada y ahora sé que la ha perdido él o la he perdido yo. Diarios es el libro de un hombre herido hasta el fondo, víctima del furor defensivo y de una devoción que es dañina, destructora: la de la verdad preilustrada, monolítica. Padece el estigma de la fe, y quizá por eso se ha deshecho de los mimbres intelectuales del siglo XX, que ha vivido tan inseguro de sus verdades, y ha recalado en el siglo XIX, donde en el mejor de los casos la verdad la dictaba un reverendo muy tronado. El eje de estos Diarios es netamente religioso: la verdad es una y es pura como la inmaculada concepción.
Con una candidez rara, un rato filistea y otro rato ampulosa de cólera divina, dice que la suya es la verdad de los hechos, que por lo visto es una verdad de toma pan y moja, que dice un amigo. Lo mejor del libro tiene el defecto de ser obvio y de estar muy poco trabajado para un lector culto (no digo para un alumno de periodismo, al que quizá conviene despejar a tortazo limpio, o con golpes de efecto y trucos que reproducen los del periodismo amarillista, estrictamente demagógico). Denuncia el periodismo de la pereza, manso a la verdad fabricada, mientras que por boca de Espada habla la rectitud inspirada por la verdad sin eufemismos ni martingalas, derecha al bulto.

El género del diario le ha jugado una mala pasada auténtica porque le ha prestado la coartada para escribir sin comprometer íntegramente la inteligencia, que ha cedido al calor de la efusión y la confesión. Y el diario de escritor es formato demasiado sensible para resistir eso sin mucha vigilancia: suele desnudar las carencias de cada cual y sólo a veces las virtudes. La inteligencia de Espada se ha subsumido en una fe que está disminu-yendo al autor de al menos dos libros perdurables y necesarios, y un libro necesario es un libro muy raro y muy difícil de hacer (uno perdurable ya ni te cuento). Fueron Contra Catalunya y Raval. Y las consecuencias de publicar y defender el segundo me temo que están en el origen del desplante torero y el perfil matador de estos Diarios, o de esa irritabilidad que lo pone hecho unas auténticas cabras cuando alguien escapa a una ley de la verdad que en su caso tiene un deje totali-tario, yo diría que desaconsejable entre personas con lecturas bien hechas (Fernando Savater y Jon Juaristi estaban en el jurado y me gustaría oír su defensa de este premio Espasa de Ensayo).

Estos diarios desbarran demasiadas veces, exudan fe en la verdad única y revelada contra el infiel, como ese rufián que la ensucia poniéndole adjetivos o, peor, haciendo novelas. Los novelistas se dedican hace siglos a desactivar con cordura verdades únicas, y no me extraña que le turben tanto el juicio a Espada, porque no entiende, en sentido literal, lo que es una novela. Manda a las mazmorras a Javier Cercas y, con él, a los novelistas, porque son sujetos de vida muelle (la frase podría estar en Camino, de Josemaría Escrivá de Balaguer) en lugar de periodistas o historiadores devotamente arrodillados ante la virgen de los hechos. El delirante suele olvidar que el enemigo lo lleva dentro, y eso lo dijo mejor que nadie Rafael Sánchez Ferlosio (pero igual es sólo novelería): "Nada hay más peligroso para uno que estar cargado de razón ni nadie más peligroso para los demás que el que está cargado de razón".

La santa intransigencia se le ha comido la lucidez a este gato celoso de su gata, porque, aunque grite todo lo que grita, sólo la Iglesia ha sabido fingir la creencia en una verdad única y parece mentira que esa tradición haya dejado secuelas tan desvalidas como estos diarios cargados de razón y, como la carga de los buques que naufragan, razón mal estibada.

 
 


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