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Entrevistas a:
- Montserrat Minobis
- Santiago Lyon
- Alex Salmón
- Xavier Vidal-Folch
- Antonio Franco
- Albert Sáez
- Goretti Palau
- Pepe Baeza
- José Luís Márquez
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| Montserrat
Minobis, decana del Col·legi de Periodistes de
Catalunya |
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| © Jordi Gratacós
(UPIFC) |
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¿Está de
acuerdo con la declaración del Consell de la
Informació de Catalunya (CIC) en la que acusa
a los medios de transgredir el código deontológico
durante la guerra de Irak?
De entrada, el CIC tiene toda la independencia y autonomía
para mostrar sus criterios sobre determinadas imágenes
publicadas o emitidas. Yo, como miembro de la Fundació
del CIC, asistí a la reunión en la que
se presentó su informe anual y se aprobó
su actuación en líneas generales -y por
lo tanto, también la declaración sobre
el tema de las fotografías de Irak-. Pero eso
no quiere decir que este manifiesto no pueda matizarse.
¿Qué opina
sobre la polémica que ha suscitado la actuación
del CIC?
Está claro que se ha generado una cierta polémica
en torno a afirmaciones bastante contundentes recogidas
en el citado comunicado. Pero, en todo caso, también
es cierto que el mismo Consell ha explicitado su voluntad
-ya materializada- de crear una comisión para
tratar estos temas que levantan controversia.
¿Es partidaria, entonces, de un debate a fondo
sobre la cuestión?
Sí, porque hay algún punto del código
deontológico que es muy claro al respecto, sobre
todo cuando las informaciones afectan a menores de edad.
Quiero recordar que hay una Declaración de los
Derechos Humanos que propició Naciones Unidas
y, en base a ella, creo que las informaciones deberían
proteger siempre a los niños.
¿No ve nada positivo
en la publicación de las dos fotografías
que el CIC condena por su crudeza?
La imagen de Alí Ismail Abbás, el niño
bagdadí mutilado por un misil, seguramente ayudó
a concienciar a muchísimas personas de los horrores
de la guerra de Irak. Y gracias a ella, gran parte de
esa gente salió a la calle para protestar contra
ese conflicto. O sea, que yo tampoco tengo claro si
esas imágenes son malas o son positivas.
Distintas fotografías
de niños afectados por conflictos, incluida la
de Alí, se han publicado en "Capçalera",
la revista del Col·legi de Periodistes. Como
periodista que es, ¿usted las hubiera difundido?
No lo sé. No puedo decirlo en este momento, porque
ya estoy excesivamente sensibilizada por toda la polémica
existente. Pero, en todo caso, creo que es un tema importante
que debe debatirse. Insisto en el buen criterio del
Consell, que ha propiciado una comisión de trabajo
para tener claras las ideas cuando se produzca otro
acontecimiento de estas características.
Estos hechos suceden continuamente.
Y si no se hubieran mostrado imágenes de otros
lugares en conflicto, donde los menores son víctimas,
no nos hubiéramos enterado lo sucedido. ¿No
le parece?
Por eso digo que estamos en una frontera en la que se
hace difícil pronunciarse sobre lo que realmente
habría que hacer en cada momento. Me cuesta mucho
definirme respecto a estas cuestiones, pero creo que
cada situación ha de tener una respuesta adecuada
a una circunstancia y a un lugar concreto. Lo difícil
es decidir lo que es correcto, y por eso tenemos un
código deontológico. Creo firmemente que
es indispensable realizar este debate, porque nos ayudará
a saber cuál es el objetivo a la hora de publicar
o no determinadas imágenes de lo que está
pasando en el mundo, no sólo en relación
con los conflictos bélicos, sino también
con accidentes y catástrofes naturales.
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| Santiago
Lyon, editor gráfico de Associated Press (AP) en
España y Portuga |
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| © Jordi Gratacós
(UPIFC) |
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¿Qué
le parece la declaración del Consell de la Informació
de Catalunya (CIC) en la que acusa de graves transgresiones
deontológicas a los medios durante la guerra
de Irak y condena la publicación de dos fotografías,
una de ellas presumiblemente difundida por AP?
Resulta interesante que un organismo que, en teoría
y si entiendo bien su cometido, se creó para
vigilar la ética del periodismo, sea tan vago
en su declaración, en esa denuncia generalizada
sobre la publicación de las dos fotografías
de los niños iraquíes mutilados. En primer
lugar, me sorprendió la falta de rigurosidad
en la acusación; normalmente, si se acusa a alguien
de algo, se le cita, se es más específico.
Y en segundo lugar, me llamó la atención
la siguiente frase de su manifiesto: "Los horrores
de la guerra son suficientemente conocidos y no necesitan
ser redescubiertos ahora." ¡Eso me parece
muy fuerte, pero que muy fuerte!
¿Cómo
la interpreta?
Es como decir que no hay que mostrar las atrocidades
bélicas porque ya no sirve de nada y porque todos
conocemos lo que pasa en los lugares donde ocurren.
Yo me pregunto entonces: ¿Cuál es la alternativa
que ellos sugieren? ¿No hacer fotografías
del horror? ¿No contar lo que sucede en esos
sitios? ¿Dejar de denunciar las barbaridades
porque ya las hemos visto todos?... Eso no me parece
muy serio; y menos proviniendo de un organismo vinculado
a la profesión periodística. Se supone
que el trabajo del periodismo, en estos casos, es precisamente
mostrar, denunciar e intentar cambiar un poco las cosas.
¿Se ha producido
alguna reacción de AP ante el comunicado del
CIC?
A petición de la Unió de Professionals
de la Imatge i la Fotografia de Catalunya (UPIFC), transmití
lo sucedido a los responsables de AP en Nueva York,
pero hasta la fecha no han contestado -es muy difícil
defenderse de cosas tan poco sólidas-, por lo
que no puedo hablar en nombre de la agencia. Lo hago
como individuo y me baso en mis experiencias y conocimientos
adquiridos a lo largo de años de practicar este
oficio.'
¿Cuál
es la política de AP?
Enseñar la verdad, mostrar los hechos; aunque
en ocasiones nos autocensuramos en un intento de no
espantar al lector, al público. Hay muchas fotografías
que sólo se publican en España, Italia,
el Mediterráneo en general y México por
ser consideradas demasiado fuertes por los medios de
otros países. De hecho, sé por experiencia
propia que cuando estás trabajando en sitios
difíciles, si tienes una fotografía muy
dura, chocante o desagradable, la envías recomendando
que se mande a España o a esos países
-debe de ser algo cultural la atracción por la
sangre-.
¿Las
fotografías de la niña de Basora y del
niño de Bagdad Alí Ismail Abbás
han sido publicadas por la prensa estadounidense?
La de la niña de Basora, no me consta; pero lo
dudo muchísimo. Y la del niño sin brazos
y con quemaduras en el cuerpo, supongo que sí.
Aunque la fotografía es muy dura, lo que les
choca a los norteamericanos, creo, es más bien
la sangre. Ver a una criatura a la que le han volado
las piernas o los brazos, pero cuyas heridas ya están
cicatrizando y ha empezado a recibir ayuda y auxilios
médicos, me parece que es más llevadero
para ellos. No sé con certeza si la foto se publicó
en Estados Unidos, pero sí se difundió
en Inglaterra, donde los diarios hicieron una campaña
de recaudación de fondos para ayudar al crío.
Y ocurrió así, pienso, porque la Agencia
Reuters fue la primera en publicar esa historia; y siendo
una agencia inglesa y los diarios ingleses
En
ese caso concreto, esa fotografía ha ayudado
a ese niño y a la comprensión del horror
que causó su mutilación, ¿no?
Yo creo que sí. Ha ayudado a concienciar a la
gente, al público, a los lectores; igual que
lo hizo, a mi modo de ver, la fotografía de la
niña a la que un bombardeo en Basora mutiló
los pies. Esa fotografía -aparecida en la portada
de "El Mundo", entre otros diarios de Madrid-
me sobrecogió y evidenció quiénes
estaban cayendo en Irak además de los combatientes:
niños, niñas, población civil.
En el fondo, creo que esas fotos son necesarias; y evitarlas
u ocultar esa realidad no le hace un favor a nadie.
Una de las razones que durante mi trayectoria profesional
me llevó durante años a ser fotógrafo
de conflictos y de situaciones límites -entre
otras cosas-, fue que nadie pudiera decirme que no sabía
lo que estaba ocurriendo en el mundo.
El
CIC sustenta su condena con criterios tales como el
"derecho a la propia imagen" y la "minoría
de edad de las víctimas"...
Conceptos válidos. Quizá hay una doble
moral en la prensa, en el sentido de que cuidamos mucho
en los periódicos lo que pasa con los niños
de aquí -se les pincelan y ocultan las caras,
alegando que así se protege su intimidad-; y
cuando se trata de niños africanos, árabes
o de otros países, no se aplica la misma rigurosidad.
Pero yo creo que el gran contrapeso a esa situación
es que las imágenes criticadas por el CIC son
de una guerra muy discutida: no tuvo el apoyo de Naciones
Unidas y careció de legitimidad, según
mi criterio personal y a pesar de que Saddam Hussein
no era ningún santo. Si ya en cualquier guerra
es espantoso que mueran civiles, lo encuentro todavía
peor en este caso.
Para
un reportero de guerra que ha tenido que fotografiar
a niños destrozados para contar una realidad,
¿cómo le afecta la acusación del
Consell respecto a lo que tilda de "simple explotación
del dolor", "éxito fácil que
proporciona la morbosidad" o que "no es excusa
que su procedencia fuera una agencia"?
Fotografiar a personas malheridas, y sobre todo a niños,
es la cosa más difícil que he tenido que
hacer. Porque está muy claro que los niños
no tienen nada que ver con esto; son inocentes, y verlos
destrozados por la estupidez y las peleas que tienen
los adultos es terrible. Se me hace muy difícil
fotografiarlos, pero a la vez creo que sería
peor no hacer esas fotos, igual que no publicarlas,
porque sería como negar lo que está ocurriendo,
cuando sabemos de sobras lo que sucede. La declaración
del CIC sobre que los horrores de la guerra son suficientemente
conocidos la interpreto como: "¡Bueno, sabemos
lo que pasa, es horrible y no nos queremos dar cuenta!"
Para el verdugo, eso es como una licencia en blanco
para seguir con su trabajo. Afirmar que a nadie le importan
y que no se van a publicar esas fotografías equivale
a decir: "¡Vale, no te preocupes, tú
sigue matando al personal! Nosotros ya hemos visto eso
y además nuestro código ético nos
prohibe mostrarlo por respeto a las víctimas,
a sus personas cercanas, a la deontología y al
buen gusto." ¡Eso es muy fuerte!
La
declaración también puede resultar ofensiva
para las familias de los 16 periodistas caídos
en Irak, los muertos en Afganistán, los que dejaron
la vida en Sierra Leona, en Sarajevo
No lo sé, porque el trabajo que se hace en esos
sitios pesa mucho más que una declaración
insustancial de un organismo compuesto mayoritariamente
por no periodistas, según parece. No creo que
las muertes, el sacrificio y el empeño por parte
de muchas generaciones de periodistas tenga que verse
afectado por unas declaraciones tan frívolas.
¿Sería
diferente su visión si hubieran estado detrás
de una cámara cubriendo un conflicto?
No se les puede pedir eso. Hay que respetar su lugar
y donde están, pero ellos también tienen
que respetar el nuestro. Y aquí, en este caso,
yo les pediría más rigurosidad. Si tienen
alguna queja, que la identifiquen claramente y que vayan
al grano. No sé qué pretenden hacer con
esta denuncia, que además resulta contradictoria.
Es un contrasentido que legitimen la famosa fotografía
de Huynh Cong Ut (AP) en la que se ve a una niña
vietnamita huyendo del napalm y que, en cambio, condenen
la de la niña de Basora y la del niño
de Bagdad. Creo que es muy dañino hacer una declaración
tan superficial sobre un tema tan sumamente importante.
Y si realmente quieren hacer algo por la profesión,
que abran el tema a los medios de comunicación,
que hablen directamente con las agencias, con los directores
de los diarios que deciden publicar esas imágenes
y con todos los interesados.
¿Tal
vez también con los fotógrafos que hacen
esas fotos tan polémicas?
Yo no creo que se le pueda pedir de entrada a un fotógrafo
que mire esto o mire lo otro. El fotógrafo tiene
que mirar y captar todo lo que tenga valor noticioso.
Y en este caso, la muerte, la desfiguración de
los niños lo tiene; y si sirve para concienciar
al público, para mí ha conseguido su objetivo.
Porque si no es así, ¿qué sentido
tiene todo lo que hacemos?
¿Qué
opinión le merece la existencia de organismos
como el CIC?
Los organismos de control de la prensa son una cosa
positiva, en principio. Pero siempre y cuando sean rigurosos
y serios, porque no hay nada más serio que maten
a tu hijo o que le vuelen las piernas y los brazos.
Las declaraciones del CIC, aún siendo tan insustanciales
y vagas, quizá sirvan para abrir un debate que
ayude a aclarar las cosas dentro de la profesión.
Quizá encierren una semilla de verdad, pero no
vamos a descubrirla con declaraciones tan poco precisas.
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| Alex
Salmon, director de "El Mundo" (Catalunya) |
 |
| © Lluís Salom
(UPIFC) |
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"El
Mundo" está directamente implicado en la
polémica deontológica por haber publicado
en portada una de las dos fotografías que el
Consell de la Informació de Catalunya (CIC) condena
en su declaración.
Desde un punto de vista fotoperiodístico y dejando
a un lado el tema de la ética, aquella foto es
una de las mejores del conflicto bélico en Irak,
puesto que esclarece mejor qué es una guerra
y qué es lo que ocurrió allí. Tanto
es así que, al día siguiente de su publicación
en "El Mundo", un partido político
la enseñó en el Congreso de los Diputados
para acusar al Gobierno de la guerra ilegal en la que
nos había metido. Eso demuestra que las imágenes,
a veces, no sólo sirven para argumentar una información,
sino para algo más.
Su
diario ya tiene cierta experiencia en ofrecer ese "algo
más". ¿No es así?
En efecto. A finales de los años 90, en la calle
Roger de Flor de Barcelona, una fachada se cayó
y mató a una niña de tres años.
Recuerdo las imágenes de los niños colocando
flores en ese sitio. A las dos semanas, otro desplome
hirió a una persona más. Y al mes y medio,
otra fachada se desprendió y mató a una
mujer en la calle Trafalgar. En ese último caso,
el fotógrafo de "El Mundo" estaba muy
cerca del lugar e hizo unas fotos en las que aún
se veía el cuerpo de la víctima, tapada
parcialmente con una manta. Estuvimos debatiendo -Montagut
era el director y yo, el redactor jefe- si poníamos
una de aquellas fotografías en portada o no.
No había duda de que era noticia, porque algunas
fachadas de la ciudad se estaban quedando peligrosamente
obsoletas o antiguas y no existía una ITV para
ellas, tal y como reclamaban los partidos de la oposición
desde hacía tiempo. Al final, salimos en portada
con esa foto y fue muy comentada. No sé si ayudamos
a que actualmente haya una ITV para todas las fachadas
y a que se debatiera el tema en el Parlament, pero estoy
convencido de que fue un pequeño grano de arena
para evitar más desgracias.
¿La
condena del CIC de las fotos de Irak no está
invitando a la autocensura periodística al limitar
ciertos aspectos de la información?
Totalmente. Limitar es censurar y para mí autocensurarme
es muy difícil. Yo lo que no publicaría
jamás sería una foto en la que apareciesen
vejaciones a niños. Cualquier foto de ese tipo,
además de deplorable moral y éticamente,
es una bofetada y un insulto al lector.
¿Pero
publicaría fotos de los niños macheteados
en Sierra Leona o heridos en Liberia o en cualquier
otro lugar conflictivo del mundo?
Publicaría cualquier cosa que pudiera sensibilizar
a mi sociedad del bienestar sobre esos conflictos. En
cambio, no publicaría una foto de pederastas
con niños, porque no tengo que llegar tan lejos
para ser creíble.
¿Qué
opina sobre la justificación que da el CIC sobre
la publicación de la foto de la niña vietnamita?
Me parece ridícula. Lo que pasa es que esa foto
está tan alejada de la realidad actual que resulta
mucho más fácil justificarla.
En
este oficio se cometen errores que pueden ser graves.
¿Asumen usted y su medio la responsabilidad cuando
eso ocurre?
El cuidado se ha de extremar especialmente con las fotos
de archivo, porque no se debaten en la redacción
antes de difundirlas. En un tema de sexualidad infantil,
recuerdo que publicamos una foto de la salida de un
colegio en la que todas las caras de los escolares estaban
borradas. Pero en la foto se veía claramente
la fachada del colegio y la cartera de una niña,
lo que motivó que el padre la reconociera y exigiera
una satisfacción. Al final, llegamos a un acuerdo
porque reconocimos que nos habíamos equivocado
y que el padre tenía razón.
¿Es
el periodismo catalán y español suficientemente
maduro para no necesitar un código deontológico
como el que supervisa el CIC?
No sé si lo es o no. El mejor periodismo del
mundo se hace en Estados Unidos y es el que tiene la
mayor autocensura, sin llegar al nivel del CIC. O sea,
parece que el más maduro es el que más
se regula. No obstante, cabe preguntarse si todos los
medios de comunicación norteamericanos que pactaron
no ofrecer imágenes de los muertos del 11-S para
no herir la sensibilidad de su sociedad también
respetan a otros muertos. ¿O es que una víctima
del terremoto de Turquía o de la guerra de Irak
tiene menos valor que los fallecidos en las Torres Gemelas?
Todo depende de lo que sea políticamente correcto
para cada país. Y lo que le ocurre al CIC es
que quiere ser demasiado políticamente correcto,
con lo peligroso que eso resulta.
La
declaración del CIC ha abierto un debate. ¿Hasta
dónde cree que esta discusión puede ayudar
a la profesión?
Los debates son siempre interesantes, pero resulta más
complicado que nos conduzcan a algo en concreto. Yo
estaré siempre en contra de censurar una foto
que explique muy bien lo que esté ocurriendo
en un lugar, ya que nuestra sociedad necesita estar
informada sobre lo que pasa. ¿Por qué
voy a censurar la parte de la información que
ofrezco a mis lectores mediante la imagen sólo
porque me parezca que puede ser discutible? No tiene
sentido.
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| Xavier
Vidal-Folch de Balanzó, director adjunto de "El
País" (Barcelona) |
 |
| © Jordi Gratacòs
(UPIFC) |
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¿Cuál es
su impresión sobre la declaración del
Consell de la Informació de Catalunya (CIC) en
la que condena la cobertura de la guerra de Irak?
Resulta inadecuada por desproporcionada, porque primero
dice que todas las generalizaciones son siempre malas
y después hace una generalización. También
es inadecuada por antijurídica, porque las responsabilidades
son individuales. En un Estado de Derecho, cada uno
es responsable de lo que hace tanto ante un tribunal
ordinario como ante un organismo regulador, autorregulador,
voluntario o de oficio. Yo no comparto mi responsabilidad
con el resto de la prensa; yo respondo de mis actos.
¿"Los horrores
de la guerra son suficientemente conocidos y no necesitan
ser redescubiertos ahora", como afirma el CIC?
Cada guerra es diferente. Si hemos de hablar de la de
Irak en concreto, he de decir que los horrores de este
conflicto necesitaban no sólo ser redescubiertos,
sino simplemente descubiertos. Cuando el CIC cita como
ejemplos de transgresión deontológica
las imágenes de la niña víctima
de los bombardeos sobre Basora y la del niño
Alí Ismail Abbás, mutilado por un misil
en Bagdad, lo cierto es que ambos casos eran una noticia
muy importante. Contrariamente a las declaraciones de
los gobiernos protagonistas de la invasión de
Irak, que aseguraban que era una guerra limpia y sin
apenas daños colaterales, estas fotos demostraban
lo contrario.Condena estas dos fotos y legitima la de
una niña huyendo del napalm en Vietnam, que califica
como ejemplo positivo de "ganas de vivir".
¿No es una contradicción?
Me parece un razonamiento absolutamente débil,
pero aún es más preocupante, en mi opinión,
la justificación de esa foto -que yo hubiera
publicado, por supuesto-. ¿Sobre qué bases
se sustentan las ansias de vivir? ¿En qué
código deontológico se recoge que una
cosa es publicable si refleja las ansias de vivir y
que otra no lo es si no muestra esta actitud? Si nos
rigiéramos por este argumento, no publicaríamos
la noticia de ningún suicidio o de ningún
accidente. No publicaríamos nada. Además,
existen muchas interpretaciones de esa instantánea:
desastre, dolor, desconcierto, desorientación,
búsqueda y un largo etcétera, además
de la apuntada por el CIC. En definitiva, puede haber
tantas lecturas como observadores.Detrás de cada
imagen de guerra hay un periodista; y muchos han muerto
por hacernos llegar su testimonio.
¿No es un tanto
desdeñosa la actitud que transmite el CIC con
su denuncia?
La fotografía es buena porque ayuda a que la
gente se movilice en contra de una situación
en Sierra leona, en los Balcanes o en otros lugares
en conflicto, pero yo no haría una argumentación
épica o heroica del trabajo de los informadores.
Simplemente, si ocurre un hecho relevante hay que informar
de ello, independientemente de los efectos sociales
que suscite. Y si con esta actuación se ayuda
un poco a mejorar la condición humana, personalmente
me alegraré, incluso como colectivo estaremos
más contentos, pero ésta no es nuestra
labor.
¿Y cuál es?
Nuestro trabajo es preguntarnos si una información
es relevante en el entorno en que nos movemos, si debemos
publicarla o si podemos secuestrarla. Esto último
es lo que parece querer transmitir, de forma inquisitorial,
la declaración del CIC. Dice: "Se ha querido
añadir dramatismo a un hecho trágico por
sí mismo y se ha querido buscar el éxito
fácil que proporciona la morbosidad." ¿Quién
ha querido? Con esta especie de condena abstracta, que
por otra parte no tiene ninguna utilidad, está
imputando una voluntad sin demostrarlo.
¿Cómo se
puede condenar algo por su inmoralidad a través
del mismo morbo, la muerte ajena y el dolor sin ofrecer
ningún tipo de argumento?El CIC sostiene que
se ha transgredido la deontología y el "buen
gusto"...
En su declaración sólo hay una referencia
al artículo 11 del Código Deontológico
de los Periodistas Catalanes, que reza: "Tratar
con especial cuidado toda información que afecte
a menores, evitando difundir su identidad cuando aparecen
como víctimas." ¿Por qué no
continúa la frase del citado artículo,
que precisa entre paréntesis "excepto en
el supuesto de homicidio"? Quizá porque
el caso de la niña de Basora y el niño
Alí, aunque no cumple este supuesto, sí
está muy cercano al homicidio. Por otro lado,
el CIC manipula el código en su denuncia, pues
no creo recordar que en él se hable del buen
gusto. ¿Quién determina este concepto?
¿Dónde se encuentra esta norma? En definitiva,
el CIC fragmenta la exposición de las reglas
en su dictamen, las interpreta arbitrariamente y, al
mismo tiempo, no argumenta el porqué de las conclusiones.
Con su declaración,
el CIC ha abierto una polémica. Si es usted partidario
del debate, ¿qué puntos le parece indispensable
tratar?
Yo estoy a favor del debate, pero me gustaría
discutir sobre algo más sensato, como el conflicto
de intereses entre el derecho a la intimidad y el derecho
a la información. Los periodistas debemos intentar
encontrar la mejor manera de servir al ciudadano, procurando
erosionar lo mínimo posible un derecho sólido
e importante como el de la intimidad. No obstante, este
derecho no tiene la misma preeminencia que el derecho
a la información, según se deriva de la
jurisprudencia del Tribunal Constitucional desde la
sentencia "Tiempo". En cualquier caso, para
publicar una foto, ésta ha de ser relevante,
significativa y noticiosa -como cualquier texto-. Y
las dos fotos que el CIC incrimina lo eran mucho.
¿La sociedad tiene
el derecho a juzgar por sí misma las imágenes
sin censura?
Es verdad, como advierte el dictamen, que hay que ser
cuidadoso con el morbo. A veces, una foto inteligente,
que no sea puramente descriptiva, sino más bien
sugerente o filosófica, puede explicar mejor
todo lo que sucede. Pero la aplicación de la
doctrina que preconiza el CIC en su declaración
es antiperiodística. Es la misma filosofía
que llevó a las grandes cadenas de televisión
estadounidenses a suprimir las imágenes de las
víctimas del 11-S arrojándose por las
ventanas de las Torres Gemelas. ¿Qué constitución,
código deontológico o manual concede a
los periodistas el derecho a erigirse en censores de
la realidad? Otra cosa es que tengan el deber de seleccionar
los aspectos de la realidad que consideren más
relevantes. ¿Pero censores por causas pretendidamente
morales? Entonces tendríamos que ser filósofos,
teólogos, juristas o la suma de todos ellos,
pero no periodistas.
A juicio del CIC también
se ha vulnerado el artículo 9 del Código
Deontológico de los Periodistas Catalanes, relativo
al derecho a la intimidad. ¿Cuál es su
opinión al respecto?
Estoy a favor de respetar el derecho a la intimidad
y la imagen de las personas. Pero en caso de conflicto
con el derecho a la información, hay que comparar
el alcance y la importancia de cada uno de ellos. En
ese sentido, creo que la Unió de Professionals
de la Imatge i la Fotografia de Catalunya (UPIFC) se
equivoca al defender directamente la supresión
del derecho a la intimidad.
"El País"
publicó hace poco una foto del supuesto torturador
argentino Ricardo Miguel Cavallo en calzoncillos. ¿Se
vulneró su derecho a la intimidad? Lluís
Bassets defendió la publicación dada "la
calaña" del individuo y por no tener otra
mejor. ¿Qué opina usted?
Las conclusiones de Bassets me parecen adecuadas, independientemente
de "la calaña" del individuo. "Interviú"
publicó unas fotos del señor Roldán
en las que se le veía celebrando una fiesta en
calzoncillos. Aunque atentaban contra el pudor, esas
imágenes contribuyeron extraordinariamente a
configurar la percepción de la conducta de una
persona que había detentado altas responsabilidades
en la conducción de asuntos públicos.
Sin duda, tenían valor informativo, igual que
las fotos que mostraban a Francisco Franco lleno de
tubos. Pese a lo desagradables que eran y al mercadeo
que se hizo con ellas, gracias a esas instantáneas
supimos de la proximidad del fin de la dictadura.
España parece ser
uno de los destinos apropiados para ciertas fotos impactantes
que los medios de otros países rechazan publicar
por su crudeza.
Ésa es una cuestión a tener cuenta y que
además está relacionada con una cierta
hipocresía que en ocasiones practicamos. Por
un lado, hemos aprendido a ser muy cuidadosos con las
fotos de los actos terroristas perpetrados en España
y con las instantáneas de las personas afectadas
por ellos. Pero, por otro lado, muchas veces no aplicamos
el mismo criterio si se trata de imágenes de
muertos en Somalia, Oriente Próximo o Afganistán.
Parece un tema importante
para ser tratado con ecuanimidad por el CIC...
Me gustaría que el CIC pusiera el acento sobre
cuestiones como ésta. Pero claro, para poder
hablar de este doble rasero, primero debería
legitimar la publicación de las dos fotos más
importantes de la guerra de Irak, en vez de condenarla.
¿Cree usted que
un organismo como el CIC tiene validez y debe existir?
Estoy muy a favor de la existencia del CIC, porque la
considero un síntoma de madurez de la profesión
periodística de este país. Sin embargo,
me apena profundamente que su práctica "jurisprudencial"
esté minando precisamente la credibilidad de
esta madurez y su misma razón de ser.
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 |
| Antonio
Franco, director de "El Periódico de Catalunya" |
 |
| © Jordi Gratacòs
(UPIFC) |
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El
Consell de la Informació de Catalunya (CIC) afirma
en su declaración sobre la cobertura informativa
de Irak que "siempre son malas todas las generalizaciones."
No obstante, en su misma denuncia utiliza este recurso.
¿Qué le parece?
En la redacción tenemos una actitud mayoritariamente
crítica respecto a ese documento. Con todo, el
diario se siente comprometido con ese organismo porque
está muy bien que haya una cierta autorregulación
y vertebración profesional.
¿Por qué publicó
"El Periódico de Catalunya" la tan
polémica declaración del CIC?
Decidí darle cabida por militancia, a pesar de
que yo tampoco estaba de acuerdo con su contenido.Al
día siguiente de recibirla, hice saber al Consell
que la publicaba porque tenía derecho a expresar
su punto de vista, pero le notificaba mi voluntad de
que no acabara todo ahí. Invité a sus
miembros a una reunión con un par de compañeros
de "La Vanguardia" preocupados por el comunicado,
y en representación de la entidad aceptó
el encuentro Francisco González Ledesma. No nos
pusimos de acuerdo, pero sí avanzamos en el esfuerzo
de intentar objetivar argumentos esenciales como el
derecho del periodista a dulcificar la realidad y la
existencia de redundancia de imágenes sobre la
guerra.
En
ese sentido, ¿cree usted que los horrores de
la guerra son tan conocidos que no necesitan "ser
redescubiertos", como defiende el CIC?
Yo sostengo que la gente no sabe qué es una guerra;
como mucho, puede tener una imagen global del horror
que conlleva. Y en el caso de Irak, las fotografías
publicadas han puesto en evidencia la mentira sobre
los escasos daños colaterales que se habían
anunciado.
¿Se
deben maquillar o dulcificar las imágenes duras
que informan de la realidad?
Respecto a conflictos como los de Irak, Sierra Leona
o Liberia, tenemos la obligación de no dulcificar
la realidad. Y aunque no puedo aspirar a que mis lectores
oigan el estruendo de un bombardeo y huelan el miedo
de quien lo sufre, sí puedo hacer que entiendan
y vean lo que significa.
¿Cómo
analiza la cobertura que los medios han realizado de
la guerra de Irak?
Me atrevo a decir que un 95 por ciento de la prensa
ha tenido un comportamiento serio. Y la actuación
del 5 por ciento restante no me ha gustado, posiblemente,
a causa de mi propio estado psicológico. Me refiero
a que una imagen te puede causar un efecto distinto
en función de si estás deprimido, eufórico
o equilibrado.
¿Tiene
derecho el periodista a secuestrar la realidad?
No creo que yo tenga derecho a ver algo que los demás
no pueden por el simple hecho de ser periodista. Afirmar
que la gente no está preparada para ver según
qué cosas me parece un poco fascista y también
me recuerda al despotismo ilustrado.
Parece
que el CIC no lo entiende así...
El error del Consell reside en enfocar la discusión
sobre lo que la gente necesita ver y no sobre si los
medios estamos sirviendo la información de lo
que sucede de una manera suficiente y correcta. La causa
de esta limitación se debe, probablemente, a
que el CIC no ha hecho una reflexión madura sobre
lo que significa vivir actualmente en la sociedad de
la información. Pero aún equivocándose
en sus manifestaciones, creo que este organismo presta
un servicio a la profesión y al mundo de la comunicación.
¿La
sangre vende?
Se han hecho tonterías con la imagen gráfica
para vender más, sin ninguna duda, pero yo diría
que eso sucedía bastante más en el pasado,
en el contexto de una sociedad mucho más reprimida
donde la censura impedía ver determinadas cosas.
Ahora, la decisión de publicar o no una imagen
no está determinada por las expectativas de ventas,
sino por las sensibilidades de cada diario o revista.
Así, ver o no ver un determinado tipo de cosas
depende bastante de la voluntad de cada persona, porque
la gente conoce perfectamente qué puede encontrar
en cada uno de los medios.El debate está abierto.
¿Cómo
se debe plantear en su opinión?
Lo razonable sería mantener una discusión
distendida y serena en el Col·legi de Periodistes
de Catalunya. Además, deberíamos reunirnos
con compañeros de Madrid para conocer sus argumentos
sobre este tema. De esta forma, la próxima vez
que tengamos un conflicto de este tipo en el consejo
de redacción tendremos más posibilidades
de equivocarnos un poco menos o de acertar un poco más.
¿Sería
práctico que participaran en esta discusión
personas ajenas a la profesión periodística?
Me gustaría que tomasen parte lectores o profesores
universitarios para detectar actitudes de los medios
que les resulten rechazables. Yo trabajo para un público
determinado, y si lo que hago le inspira un cierto rechazo,
dejará de comprar mi diario.
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Albert Sáez, director adjunto de "Avui" |
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| © Jordi Gratacòs
(UPIFC) |
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¿Qué
opina sobre la declaración del Consell de la
Informació de Catalunya (CIC) en la que condena
de forma generalizada a los medios por la cobertura
de la guerra de Irak?
Sobre la nota del Consell pienso dos cosas: la primera,
que es absolutamente coherente con el Código
Deontológico de los Periodistas Catalanes; y
la segunda, que las acusaciones generalizadas me parecen
aceptables en las tertulias de café, pero no
en los manifiestos de un organismo profesional. El CIC
debería precisar "este diario", "este
periodista", "este señor". Cada
uno es responsable de sus actos.
Por eso el diario "Avui"
dejó clara su postura cuando surgió la
polémica sobre las fotos de la guerra de Irak,
¿no?
En un consejo de redacción
se decidió publicar un editorial titulado "Por
qué lo hacemos así", en el que explicábamos
que cada medio debe reflexionar y decidir cómo
muestra la realidad. En el caso de la guerra de Irak,
considerábamos que el impacto de las imágenes
era distinto en la portada que en el interior del diario.
Entonces decidimos -y lo mantuvimos durante todo el
conflicto- que las imágenes de mayor crueldad
e impacto visual las publicaríamos en el interior
en blanco y negro, y que en el exterior mostraríamos
los planos más generales, sin ocultar nada, pero
sí intentando no herir ninguna sensibilidad.
El
CIC afirma que la gente ya sabe lo que es una guerra
y que la reiteración de imágenes es gratuita.
¿Está de acuerdo?
Creo que deberíamos empezar a pensar en los efectos
que provocan las imágenes en la gente, ya que
normalmente trabajamos con planteamientos excesivamente
intuitivos. Existe la hipótesis de que hay una
línea muy fina que separa el impacto de la saturación,
y en eso podría estar de acuerdo con una parte
del planteamiento del CIC. En el caso de Irak, pienso
que la sociedad estaba muy predeterminada a esperar
que aquello sería un horror, porque entendía
fácilmente que una banda represora de gángsters,
hinchada por la propaganda, no era enemigo para la mayor
maquinaria de guerra del mundo. ¿Pero obligaba
eso a eliminar ciertas fotos? Insisto en que esa es
una decisión que hay que dejar en manos de cada
medio. También estoy bastante de acuerdo en que,
en todo caso, debe aplicarse la legislación general,
como mantiene la Unió de Professionals de la
Imatge i la Fotografia de Catalunya (UPIFC).
¿El
Código Deontológico de los Periodistas
Catalanes no restringe un tanto la libertad de información?
El código impone una autolimitación excesiva,
ya que antepone voluntariamente una serie de derechos
a la libertad de información. Creo que nunca
deberíamos habernos restringido nosotros mismos;
únicamente nos deberíamos haber comprometido
a respetar el derecho a la intimidad de las personas,
excepto en caso de conflicto con nuestro derecho a la
información.
Pero
cuando se modificó el artículo 9 del código
durante el IV Congreso de Periodistas nadie se opuso
y se aprobó por unanimidad...
Pienso que el grado de participación en estos
congresos es mínimo, sobre todo por parte de
los profesionales que trabajan en los medios. Asimismo,
discutir el código deontológico está
mal visto, es políticamente incorrecto. Personalmente
creo poco en estos documentos; confío más
en la legislación, en la pluralidad y en la creación
de mecanismos dentro de la propia profesión que
primen, premien y potencien el buen periodismo, al margen
de criterios comerciales. Un ejemplo de este buen periodismo
sería el interesante trabajo de Juan Guerrero.
¿La
falta de práctica en el oficio de algunos miembros
del CIC puede ser la causa de comunicados tan controvertidos
como el que nos ocupa?
El CIC no cuenta con ningún informador gráfico
en su organigrama, una ausencia flagrante. Por eso,
habría que explicar a sus miembros, intelectuales
de diferentes profesiones y algún periodista,
las claves de cómo funciona el oficio. Y si hubieran
tenido la mínima prudencia, podrían haber
consultado a un profesional antes de escribir la declaración,
porque la teoría de la niña vietnamita
está un poco pillada por los pelos... Tampoco
ayuda a evitar estos comunicados la actitud servil del
Colegi de Periodistes, que ha venido a decir algo así
como: "Bueno, la gente nos critica y tiene razón."
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| Goretti
Palau, directora de la revista "Capçalera"
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| © Lluís Salom
(UPIFC) |
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La
aparición de la fotografía del niño
mutilado en la guerra de Irak en "Capçalera"
parece contradecir el dictamen del Consell de la Informació
de Catalunya (CIC) que condena su publicación.
Cualquier fotografía que describa el horror de
lo que significa una guerra me parece esencial y obligatoriamente
publicable. Yo creo que la única forma de que
la gente sea consciente de lo cruel e inhumano que es
un conflicto es hacerles ver cuáles son sus desastres,
sus consecuencias y secuelas. Cualquier prueba que ayude
a sensibilizar a la sociedad para enfrentarse a este
tipo de actuaciones es válida. Y más cuando
son guerras provocadas, inútiles y gratuitas,
como ha sido la guerra de Irak.
¿Hubo
alguna reticencia en el consejo de redacción
de la revista sobre esta decisión?
Prácticamente, ni nos planteamos no publicar
la foto. Se acordó tratar lo que ha significado
esta guerra tanto desde el punto de vista humano como,
especialmente, desde el punto de vista profesional del
periodismo. Y la fotografía del niño bagdadí
Alí reunía, por un lado, el horror de
la guerra, y por otro lado, el trabajo de un periodista
que la cubre. En estos dos aspectos, su aparición
en la revista del Col·legi de Periodistes de
Catalunya (CPC) quedaba plenamente justificada. Lo teníamos
tan claro que incluso la publicamos en color, a diferencia
de muchos periódicos que la trataron en blanco
y negro.
La
declaración del CIC alude a sentimientos, deontología
y "buen gusto", entre otros motivos, para
condenar la publicación de la fotografía
de Alí y la de la niña de Basora.
No nos planteamos la posibilidad de que la foto de Alí
pudiera herir sentimientos o no, porque nuestro público
no es el general. Publicar esa instantánea en
una revista como la nuestra, dirigida a profesionales
del periodismo, no fue ni un acto gratuito de sensacionalismo
ni un intento de incrementar ventas. Al contrario, nuestra
intención era ilustrar un tema inherente al oficio,
el reportaje de guerra. Cuando me preguntaron por qué
habíamos publicado la imagen en cuestión,
recordé que aquellos días se exhibía
en el CPC una muestra fotográfica titulada "Los
desastres de la guerra". Esta exposición,
coorganizada con la Unió de Professionals de
la Imatge i la Fotografia de Catalunya (UPIFC), recogía
las secuelas de diferentes conflictos: personas mutiladas,
casas destruidas
En consecuencia, consideré
que el CPC no era contrario a la divulgación
de este tipo de imágenes.
¿El
periodismo catalán y español tiene algo
que ver con ese sensacionalismo que aprovecha ciertas
imágenes duras para vender más?
No creo que se vendan más diarios por el hecho
de publicar una foto impactante. Otra cosa son los medios
de comunicación que ya están especializados
en la sangre, porque el motivo de su venta ya es otra
historia.
¿Deberían
tener más cuidado los medios cuando publican
ciertas fotografías?
La decisión de difundir imágenes "duras"
debe depender de si aportan información complementaria
o no. A veces, una piensa que existe cierta precipitación
al hacerlo y que está motivada por la novedad,
por su impacto visual, por la sequía informativa
Ocasionalmente, he visto alguna foto que ha herido mi
sensibilidad, pero no tanto por ver una mujer con las
piernas cortadas por los efectos de una bomba o por
la visión de cuerpos ensangrentados en lugares
en conflicto como Liberia. Eso ofende mi sensibilidad
como a cualquier mortal; pero no me ofende profesionalmente,
porque todo lo que sea sensibilizar sobre los dramas
que acontecen me parece normal. Yo sí me siento
herida, por ejemplo, por la publicación de determinadas
fotografías de muertos que no son noticia. Un
muerto en accidente de carretera no es noticia para
mí, y he visto alguna vez un cadáver fotografiado
sin tapar y pienso en su familia y en que puede herir
a determinadas personas. Ese tipo de fotografías
sí que las considero gratuitas.
En
todo caso, ¿es sintomático de una situación
que deriva a la explotación del morbo?
No. En el día a día del ejercicio del
periodismo, creo que tanto en Cataluña como en
el resto de España la gente es muy cuidadosa
con ese tema y, por regla general, no se publican fotografías
gratuitas. Por mi experiencia profesional con fotógrafos,
me consta que ellos mismos sugieren las imágenes
más adecuadas en función de criterios
de novedad informativa y de una cierta moderación.
Se cuidan las formas y me parece bien que así
sea.
¿Debería
el CIC replantearse su composición e incorporar,
por ejemplo, la figura de un editor gráfico,
que en la presente polémica podría haberle
sido útil?
Sí, creo que sería oportuno e interesante,
pero pienso que más allá de esta figura
no debería haber en él más profesionales
del periodismo que los actuales. Me parece idónea
la representación de la sociedad que compone
el Consell para velar que no se transgreda el código
deontológico. Pero a mi entender, creo que el
CIC sufre algunas carencias. Así, debería
reunirse con más asiduidad para poder discutir
en profundidad los dictámenes que acuerdan. En
el caso de la presente declaración, deberían
haber consultado a los profesionales de los medios para
investigar el porqué de la publicación
de esas fotografías y, sumados a otros elementos,
poder equilibrar el tema y disponer de mayor conocimiento
de causa para encarar el debate. Tengo la impresión
que el hecho de trabajar voluntariamente les impide
llegar al fondo de las cuestiones por falta de tiempo.
Por ejemplo, los criterios usados para legitimar la
fotografía de la niña que huye del napalm
en Vietnam y para condenar las dos de Irak son completamente
gratuitos. Estoy segura de que si el Consell en pleno
hubiera reflexionado y debatido el asunto no hubiera
hecho esta diferenciación, que me parece totalmente
contradictoria.
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| Pepe
Baeza, editor gráfico de "La Vanguardia" |
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| © Jordi Gratacòs
(UPIFC) |
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Es ineludible preguntarle
a un editor gráfico y profesor universitario
su opinión sobre la declaración del Consell
de la Informació de Catalunya (CIC) respecto
a la cobertura visual de la guerra de Irak
. Me parece poco afortunada.
Puede abrir un territorio a la autocensura o a plantearnos
con excesivo temor cualquier fotografía donde
aparezcan implicados fenómenos de violencia y
crueldad. En cualquier caso, creo que los periodistas
no tenemos que sentirnos culpables de una violencia
que no hemos producido. Al contrario, pienso que su
representación es el mejor camino, o uno de ellos,
para prevenirla como mínimo.
A diferencia de las dos
fotos criticadas, los efectos de un arma nueva usada
en la guerra de Vietnam justifican la foto de la niña
quemada por el napalm, según el CIC.
Si ése es el argumento,
se debería recordar que había también
otras armas nuevas en la guerra de Vietnam que causaron
una gran destrucción y mortandad, como las bombas
de fragmentación y el agente "Naranja".
Pero a mi juicio, ésas son cuestiones secundarias
respecto a la principal: los actos de crueldad y de
violencia premeditada e impremeditada que se producen
en una guerra. Y lo que no podemos es ahorrarnos, ni
los periodistas ni los lectores, las consecuencias de
esos actos. No tiene ningún sentido establecer
una distinción.
¿Los
horrores de la guerra no necesitan ser más fotografiados
ni filmados porque ya se conocen suficientemente, como
sostiene el CIC?
Juzgo negativamente ese planteamiento... ¡No tiene
ningún sentido! Tenemos que renovar constantemente
nuestro conocimiento y el compromiso de nuestra conciencia
con la realidad. Y uno de los elementos que tenemos
para hacerlo es el periodismo, incluido el periodismo
visual, el fotoperiodismo. Ese sentimiento de reiteración
gratuita de imágenes terribles -que puede estar
en la calle-, es inexacto y equivocado bajo mi punto
de vista.
Numerosos
niños han muerto y otros muchos han sido mutilados
por las minas antipersona en los conflictos bélicos.
Siguiendo el criterio del CIC, ¿se debe omitir
la información gráfica sobre ese hecho
porque puede atentar contra la sensibilidad?
Los niños son víctimas elegidas, como
prueban las minas diseñadas con formas de juguete
para que los pequeños las recojan y salten por
los aires. Son minas que buscan crear el caos y la dispersión
en una sociedad. Si no tenemos la prueba visual del
desastre humano que las minas u otras armas causan,
restamos argumentos para combatir el horror. Si no hubiéramos
tenido las fotos de los campos de concentración
y exterminio nazis, donde se recogía todo lo
que los verdugos no habían tenido tiempo de ocultar,
careceríamos de un elemento valiosísimo
para la historia y se hubieran tenido menos argumentos
contundentes en el juicio de Nüremberg.
Como
editor gráfico de "La Vanguardia",
¿qué criterios utiliza para seleccionar
imágenes?
Desde un punto de vista personal, elijo la foto que
puede ayudar a tomar conciencia sobre un fenómeno
que merece ser corregido. Hay que intervenir en la realidad,
y quien no quiera hacerlo es un mal periodista. Yo no
concibo ni entiendo un periodismo tan absolutamente
neutral que no quiera intervenir y echar una mano en
los fenómenos de exclusión, de injusticia
y de violencia.
Un
ejemplo cercano es el drama de las pateras, con sus
300 ahogados por año. ¿No?
Hay que sacar esas fotos; y más aún, hay
que ir descubriendo la manera más eficaz de hacerlo.
Javier Bauluz dio un paso adelante significativo en
ese sentido. Mientras otros fotógrafos excelentemente
bien intencionados iban captando lo que tenían
delante -el ahogado, los muertos-, Javier Bauluz supo
además hacer otra cosa: relacionar ese drama
con la indiferencia, el fenómeno social que hace
posible que siga ocurriendo. En general, no hemos sabido
hacer un periodismo tan efectivo como para alterar la
dinámica social de indiferencia que existe en
este país respecto a esa tragedia. Bauluz fue
muy eficaz y seguramente eso le ha traído problemas.
Otros trabajos menos eficaces -aunque bien intencionados-
han tenido mejor suerte.
¿Hay
que poner límites a la información en
determinados temas?
Los periodistas debemos adoptar decisiones sobre la
cantidad inabarcable de informaciones que ofrece el
mundo. Tener que escoger las más significativas
y darles el tratamiento adecuado comporta la posibilidad
de pasarse o de quedarse corto. Lo que no podemos hacer
es ponernos un límite antes de plantearnos personalmente
ese riesgo. No podemos negarnos a publicar las fotos
que muestren los efectos de la violencia bélica
sobre los niños, porque estaremos aplicando un
criterio de censura sobre una parte de la información
que no llegará a los lectores.
Dada
la polémica suscitada por la declaración
del CIC, ¿considera imprescindible un debate
sobre el tema?
Creo que ese debate hay que reabrirlo, porque no dudo
de la buena disposición y de la rectitud de espíritu
de las personas que han elaborado ese texto. Y lo creo
porque les respalda toda una trayectoria de muchos años.
Me parece que en la declaración del CIC hay errores
humanos y apreciaciones incorrectas -a lo peor por precipitación
o por falta de intercambios de puntos de vista- que
pueden solucionarse volviéndola a plantear y
dándole a cada uno la oportunidad de revisar
sus posturas.
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| José
Luis Márquez, cámara de Televisión
Española en Israel galardonado con el II Premio
Miguel Gil Moreno de Periodismo |
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| © Jordi Gratacòs
(UPIFC) |
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¿Deberían
no captarse las imágenes que vulneren el código
deontológico de la profesión?
Las imágenes de los hechos se han de registrar
por muy duras que resulten y guardarlas en un archivo,
como mínimo. Darlas a conocer o no depende de
la discusión que se haga sobre cada una de ellas.
En el caso concreto de las guerras, hay que reflejar
el horror para que la gente se entere de lo que son
y para que conozca el sufrimiento de las personas afectadas.
¿Incluso cuando
se trata de imágenes tan terribles como la del
niño iraquí Alí Ismael Abbás,
sin brazos y con el cuerpo quemado en un 35 por ciento?
Estuve buscándolo hospital
por hospital y, de haberlo encontrado, lo hubiera filmado.
Sí grabé a unos niños a los que
les había explotado una bomba cuando jugaban
con ella en la calle. La imagen era espantosa, pero
se emitió. Creo firmemente que hay que reflejar
estos hechos, porque son los horrores de la guerra y
la gente tiene que verlos.
Por
el contrario, el Consell de la Informació de
Catalunya (CIC) dice que los horrores de la guerra son
suficientemente conocidos y no necesitan ser redescubiertos
ahora...
Durante los dieciocho años que duró la
guerra del Líbano, en uno de mis frecuentes viajes
a ese país entré en contacto con un katay
(cristiano). Me explicó que lo normal por la
noche era salir y coger un prisionero (palestino), matarlo
y comerse su hígado. Me invitó a acompañarle
en una de esas acciones y discutí el caso con
mi compañero Manolo Alcalá. Yo estaba
decidido a grabar esa monstruosidad si el katay accedía
a hacerla delante de una cámara, únicamente
para demostrar que era un bárbaro. Aunque al
final no se dio el caso, sigo creyendo que las escenas
tremendas de las guerras hay que grabarlas. No obstante,
también hay que tener delicadeza a la hora de
hacerlo, porque siempre se puede conseguir que una imagen
sea más o menos dura.
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