Entrevistas a:

- Montserrat Minobis
- Santiago Lyon
- Alex Salmón
- Xavier Vidal-Folch
- Antonio Franco
- Albert Sáez
- Goretti Palau
- Pepe Baeza
- José Luís Márquez

Montserrat Minobis, decana del Col·legi de Periodistes de Catalunya

¿Está de acuerdo con la declaración del Consell de la Informació de Catalunya (CIC) en la que acusa a los medios de transgredir el código deontológico durante la guerra de Irak?

De entrada, el CIC tiene toda la independencia y autonomía para mostrar sus criterios sobre determinadas imágenes publicadas o emitidas. Yo, como miembro de la Fundació del CIC, asistí a la reunión en la que se presentó su informe anual y se aprobó su actuación en líneas generales -y por lo tanto, también la declaración sobre el tema de las fotografías de Irak-. Pero eso no quiere decir que este manifiesto no pueda matizarse.

¿Qué opina sobre la polémica que ha suscitado la actuación del CIC?

Está claro que se ha generado una cierta polémica en torno a afirmaciones bastante contundentes recogidas en el citado comunicado. Pero, en todo caso, también es cierto que el mismo Consell ha explicitado su voluntad -ya materializada- de crear una comisión para tratar estos temas que levantan controversia.
¿Es partidaria, entonces, de un debate a fondo sobre la cuestión?
Sí, porque hay algún punto del código deontológico que es muy claro al respecto, sobre todo cuando las informaciones afectan a menores de edad. Quiero recordar que hay una Declaración de los Derechos Humanos que propició Naciones Unidas y, en base a ella, creo que las informaciones deberían proteger siempre a los niños.

¿No ve nada positivo en la publicación de las dos fotografías que el CIC condena por su crudeza?

La imagen de Alí Ismail Abbás, el niño bagdadí mutilado por un misil, seguramente ayudó a concienciar a muchísimas personas de los horrores de la guerra de Irak. Y gracias a ella, gran parte de esa gente salió a la calle para protestar contra ese conflicto. O sea, que yo tampoco tengo claro si esas imágenes son malas o son positivas.

Distintas fotografías de niños afectados por conflictos, incluida la de Alí, se han publicado en "Capçalera", la revista del Col·legi de Periodistes. Como periodista que es, ¿usted las hubiera difundido?

No lo sé. No puedo decirlo en este momento, porque ya estoy excesivamente sensibilizada por toda la polémica existente. Pero, en todo caso, creo que es un tema importante que debe debatirse. Insisto en el buen criterio del Consell, que ha propiciado una comisión de trabajo para tener claras las ideas cuando se produzca otro acontecimiento de estas características.

Estos hechos suceden continuamente. Y si no se hubieran mostrado imágenes de otros lugares en conflicto, donde los menores son víctimas, no nos hubiéramos enterado lo sucedido. ¿No le parece?

Por eso digo que estamos en una frontera en la que se hace difícil pronunciarse sobre lo que realmente habría que hacer en cada momento. Me cuesta mucho definirme respecto a estas cuestiones, pero creo que cada situación ha de tener una respuesta adecuada a una circunstancia y a un lugar concreto. Lo difícil es decidir lo que es correcto, y por eso tenemos un código deontológico. Creo firmemente que es indispensable realizar este debate, porque nos ayudará a saber cuál es el objetivo a la hora de publicar o no determinadas imágenes de lo que está pasando en el mundo, no sólo en relación con los conflictos bélicos, sino también con accidentes y catástrofes naturales.

Santiago Lyon, editor gráfico de Associated Press (AP) en España y Portuga

¿Qué le parece la declaración del Consell de la Informació de Catalunya (CIC) en la que acusa de graves transgresiones deontológicas a los medios durante la guerra de Irak y condena la publicación de dos fotografías, una de ellas presumiblemente difundida por AP?

Resulta interesante que un organismo que, en teoría y si entiendo bien su cometido, se creó para vigilar la ética del periodismo, sea tan vago en su declaración, en esa denuncia generalizada sobre la publicación de las dos fotografías de los niños iraquíes mutilados. En primer lugar, me sorprendió la falta de rigurosidad en la acusación; normalmente, si se acusa a alguien de algo, se le cita, se es más específico. Y en segundo lugar, me llamó la atención la siguiente frase de su manifiesto: "Los horrores de la guerra son suficientemente conocidos y no necesitan ser redescubiertos ahora." ¡Eso me parece muy fuerte, pero que muy fuerte!

¿Cómo la interpreta?

Es como decir que no hay que mostrar las atrocidades bélicas porque ya no sirve de nada y porque todos conocemos lo que pasa en los lugares donde ocurren. Yo me pregunto entonces: ¿Cuál es la alternativa que ellos sugieren? ¿No hacer fotografías del horror? ¿No contar lo que sucede en esos sitios? ¿Dejar de denunciar las barbaridades porque ya las hemos visto todos?... Eso no me parece muy serio; y menos proviniendo de un organismo vinculado a la profesión periodística. Se supone que el trabajo del periodismo, en estos casos, es precisamente mostrar, denunciar e intentar cambiar un poco las cosas.

¿Se ha producido alguna reacción de AP ante el comunicado del CIC?

A petición de la Unió de Professionals de la Imatge i la Fotografia de Catalunya (UPIFC), transmití lo sucedido a los responsables de AP en Nueva York, pero hasta la fecha no han contestado -es muy difícil defenderse de cosas tan poco sólidas-, por lo que no puedo hablar en nombre de la agencia. Lo hago como individuo y me baso en mis experiencias y conocimientos adquiridos a lo largo de años de practicar este oficio.'

¿Cuál es la política de AP?

Enseñar la verdad, mostrar los hechos; aunque en ocasiones nos autocensuramos en un intento de no espantar al lector, al público. Hay muchas fotografías que sólo se publican en España, Italia, el Mediterráneo en general y México por ser consideradas demasiado fuertes por los medios de otros países. De hecho, sé por experiencia propia que cuando estás trabajando en sitios difíciles, si tienes una fotografía muy dura, chocante o desagradable, la envías recomendando que se mande a España o a esos países -debe de ser algo cultural la atracción por la sangre-.

¿Las fotografías de la niña de Basora y del niño de Bagdad Alí Ismail Abbás han sido publicadas por la prensa estadounidense?

La de la niña de Basora, no me consta; pero lo dudo muchísimo. Y la del niño sin brazos y con quemaduras en el cuerpo, supongo que sí. Aunque la fotografía es muy dura, lo que les choca a los norteamericanos, creo, es más bien la sangre. Ver a una criatura a la que le han volado las piernas o los brazos, pero cuyas heridas ya están cicatrizando y ha empezado a recibir ayuda y auxilios médicos, me parece que es más llevadero para ellos. No sé con certeza si la foto se publicó en Estados Unidos, pero sí se difundió en Inglaterra, donde los diarios hicieron una campaña de recaudación de fondos para ayudar al crío. Y ocurrió así, pienso, porque la Agencia Reuters fue la primera en publicar esa historia; y siendo una agencia inglesa y los diarios ingleses…

En ese caso concreto, esa fotografía ha ayudado a ese niño y a la comprensión del horror que causó su mutilación, ¿no?

Yo creo que sí. Ha ayudado a concienciar a la gente, al público, a los lectores; igual que lo hizo, a mi modo de ver, la fotografía de la niña a la que un bombardeo en Basora mutiló los pies. Esa fotografía -aparecida en la portada de "El Mundo", entre otros diarios de Madrid- me sobrecogió y evidenció quiénes estaban cayendo en Irak además de los combatientes: niños, niñas, población civil. En el fondo, creo que esas fotos son necesarias; y evitarlas u ocultar esa realidad no le hace un favor a nadie. Una de las razones que durante mi trayectoria profesional me llevó durante años a ser fotógrafo de conflictos y de situaciones límites -entre otras cosas-, fue que nadie pudiera decirme que no sabía lo que estaba ocurriendo en el mundo.

El CIC sustenta su condena con criterios tales como el "derecho a la propia imagen" y la "minoría de edad de las víctimas"...

Conceptos válidos. Quizá hay una doble moral en la prensa, en el sentido de que cuidamos mucho en los periódicos lo que pasa con los niños de aquí -se les pincelan y ocultan las caras, alegando que así se protege su intimidad-; y cuando se trata de niños africanos, árabes o de otros países, no se aplica la misma rigurosidad. Pero yo creo que el gran contrapeso a esa situación es que las imágenes criticadas por el CIC son de una guerra muy discutida: no tuvo el apoyo de Naciones Unidas y careció de legitimidad, según mi criterio personal y a pesar de que Saddam Hussein no era ningún santo. Si ya en cualquier guerra es espantoso que mueran civiles, lo encuentro todavía peor en este caso.

Para un reportero de guerra que ha tenido que fotografiar a niños destrozados para contar una realidad, ¿cómo le afecta la acusación del Consell respecto a lo que tilda de "simple explotación del dolor", "éxito fácil que proporciona la morbosidad" o que "no es excusa que su procedencia fuera una agencia"?

Fotografiar a personas malheridas, y sobre todo a niños, es la cosa más difícil que he tenido que hacer. Porque está muy claro que los niños no tienen nada que ver con esto; son inocentes, y verlos destrozados por la estupidez y las peleas que tienen los adultos es terrible. Se me hace muy difícil fotografiarlos, pero a la vez creo que sería peor no hacer esas fotos, igual que no publicarlas, porque sería como negar lo que está ocurriendo, cuando sabemos de sobras lo que sucede. La declaración del CIC sobre que los horrores de la guerra son suficientemente conocidos la interpreto como: "¡Bueno, sabemos lo que pasa, es horrible y no nos queremos dar cuenta!" Para el verdugo, eso es como una licencia en blanco para seguir con su trabajo. Afirmar que a nadie le importan y que no se van a publicar esas fotografías equivale a decir: "¡Vale, no te preocupes, tú sigue matando al personal! Nosotros ya hemos visto eso y además nuestro código ético nos prohibe mostrarlo por respeto a las víctimas, a sus personas cercanas, a la deontología y al buen gusto." ¡Eso es muy fuerte!

La declaración también puede resultar ofensiva para las familias de los 16 periodistas caídos en Irak, los muertos en Afganistán, los que dejaron la vida en Sierra Leona, en Sarajevo…

No lo sé, porque el trabajo que se hace en esos sitios pesa mucho más que una declaración insustancial de un organismo compuesto mayoritariamente por no periodistas, según parece. No creo que las muertes, el sacrificio y el empeño por parte de muchas generaciones de periodistas tenga que verse afectado por unas declaraciones tan frívolas.

¿Sería diferente su visión si hubieran estado detrás de una cámara cubriendo un conflicto?

No se les puede pedir eso. Hay que respetar su lugar y donde están, pero ellos también tienen que respetar el nuestro. Y aquí, en este caso, yo les pediría más rigurosidad. Si tienen alguna queja, que la identifiquen claramente y que vayan al grano. No sé qué pretenden hacer con esta denuncia, que además resulta contradictoria. Es un contrasentido que legitimen la famosa fotografía de Huynh Cong Ut (AP) en la que se ve a una niña vietnamita huyendo del napalm y que, en cambio, condenen la de la niña de Basora y la del niño de Bagdad. Creo que es muy dañino hacer una declaración tan superficial sobre un tema tan sumamente importante. Y si realmente quieren hacer algo por la profesión, que abran el tema a los medios de comunicación, que hablen directamente con las agencias, con los directores de los diarios que deciden publicar esas imágenes y con todos los interesados.

¿Tal vez también con los fotógrafos que hacen esas fotos tan polémicas?

Yo no creo que se le pueda pedir de entrada a un fotógrafo que mire esto o mire lo otro. El fotógrafo tiene que mirar y captar todo lo que tenga valor noticioso. Y en este caso, la muerte, la desfiguración de los niños lo tiene; y si sirve para concienciar al público, para mí ha conseguido su objetivo. Porque si no es así, ¿qué sentido tiene todo lo que hacemos?

¿Qué opinión le merece la existencia de organismos como el CIC?

Los organismos de control de la prensa son una cosa positiva, en principio. Pero siempre y cuando sean rigurosos y serios, porque no hay nada más serio que maten a tu hijo o que le vuelen las piernas y los brazos. Las declaraciones del CIC, aún siendo tan insustanciales y vagas, quizá sirvan para abrir un debate que ayude a aclarar las cosas dentro de la profesión. Quizá encierren una semilla de verdad, pero no vamos a descubrirla con declaraciones tan poco precisas.

Alex Salmon, director de "El Mundo" (Catalunya)

"El Mundo" está directamente implicado en la polémica deontológica por haber publicado en portada una de las dos fotografías que el Consell de la Informació de Catalunya (CIC) condena en su declaración.

Desde un punto de vista fotoperiodístico y dejando a un lado el tema de la ética, aquella foto es una de las mejores del conflicto bélico en Irak, puesto que esclarece mejor qué es una guerra y qué es lo que ocurrió allí. Tanto es así que, al día siguiente de su publicación en "El Mundo", un partido político la enseñó en el Congreso de los Diputados para acusar al Gobierno de la guerra ilegal en la que nos había metido. Eso demuestra que las imágenes, a veces, no sólo sirven para argumentar una información, sino para algo más.

Su diario ya tiene cierta experiencia en ofrecer ese "algo más". ¿No es así?

En efecto. A finales de los años 90, en la calle Roger de Flor de Barcelona, una fachada se cayó y mató a una niña de tres años. Recuerdo las imágenes de los niños colocando flores en ese sitio. A las dos semanas, otro desplome hirió a una persona más. Y al mes y medio, otra fachada se desprendió y mató a una mujer en la calle Trafalgar. En ese último caso, el fotógrafo de "El Mundo" estaba muy cerca del lugar e hizo unas fotos en las que aún se veía el cuerpo de la víctima, tapada parcialmente con una manta. Estuvimos debatiendo -Montagut era el director y yo, el redactor jefe- si poníamos una de aquellas fotografías en portada o no. No había duda de que era noticia, porque algunas fachadas de la ciudad se estaban quedando peligrosamente obsoletas o antiguas y no existía una ITV para ellas, tal y como reclamaban los partidos de la oposición desde hacía tiempo. Al final, salimos en portada con esa foto y fue muy comentada. No sé si ayudamos a que actualmente haya una ITV para todas las fachadas y a que se debatiera el tema en el Parlament, pero estoy convencido de que fue un pequeño grano de arena para evitar más desgracias.

¿La condena del CIC de las fotos de Irak no está invitando a la autocensura periodística al limitar ciertos aspectos de la información?

Totalmente. Limitar es censurar y para mí autocensurarme es muy difícil. Yo lo que no publicaría jamás sería una foto en la que apareciesen vejaciones a niños. Cualquier foto de ese tipo, además de deplorable moral y éticamente, es una bofetada y un insulto al lector.

¿Pero publicaría fotos de los niños macheteados en Sierra Leona o heridos en Liberia o en cualquier otro lugar conflictivo del mundo?

Publicaría cualquier cosa que pudiera sensibilizar a mi sociedad del bienestar sobre esos conflictos. En cambio, no publicaría una foto de pederastas con niños, porque no tengo que llegar tan lejos para ser creíble.

¿Qué opina sobre la justificación que da el CIC sobre la publicación de la foto de la niña vietnamita?

Me parece ridícula. Lo que pasa es que esa foto está tan alejada de la realidad actual que resulta mucho más fácil justificarla.

En este oficio se cometen errores que pueden ser graves. ¿Asumen usted y su medio la responsabilidad cuando eso ocurre?

El cuidado se ha de extremar especialmente con las fotos de archivo, porque no se debaten en la redacción antes de difundirlas. En un tema de sexualidad infantil, recuerdo que publicamos una foto de la salida de un colegio en la que todas las caras de los escolares estaban borradas. Pero en la foto se veía claramente la fachada del colegio y la cartera de una niña, lo que motivó que el padre la reconociera y exigiera una satisfacción. Al final, llegamos a un acuerdo porque reconocimos que nos habíamos equivocado y que el padre tenía razón.

¿Es el periodismo catalán y español suficientemente maduro para no necesitar un código deontológico como el que supervisa el CIC?

No sé si lo es o no. El mejor periodismo del mundo se hace en Estados Unidos y es el que tiene la mayor autocensura, sin llegar al nivel del CIC. O sea, parece que el más maduro es el que más se regula. No obstante, cabe preguntarse si todos los medios de comunicación norteamericanos que pactaron no ofrecer imágenes de los muertos del 11-S para no herir la sensibilidad de su sociedad también respetan a otros muertos. ¿O es que una víctima del terremoto de Turquía o de la guerra de Irak tiene menos valor que los fallecidos en las Torres Gemelas? Todo depende de lo que sea políticamente correcto para cada país. Y lo que le ocurre al CIC es que quiere ser demasiado políticamente correcto, con lo peligroso que eso resulta.

La declaración del CIC ha abierto un debate. ¿Hasta dónde cree que esta discusión puede ayudar a la profesión?

Los debates son siempre interesantes, pero resulta más complicado que nos conduzcan a algo en concreto. Yo estaré siempre en contra de censurar una foto que explique muy bien lo que esté ocurriendo en un lugar, ya que nuestra sociedad necesita estar informada sobre lo que pasa. ¿Por qué voy a censurar la parte de la información que ofrezco a mis lectores mediante la imagen sólo porque me parezca que puede ser discutible? No tiene sentido.

Xavier Vidal-Folch de Balanzó, director adjunto de "El País" (Barcelona)
© Jordi Gratacòs (UPIFC)

¿Cuál es su impresión sobre la declaración del Consell de la Informació de Catalunya (CIC) en la que condena la cobertura de la guerra de Irak?

Resulta inadecuada por desproporcionada, porque primero dice que todas las generalizaciones son siempre malas y después hace una generalización. También es inadecuada por antijurídica, porque las responsabilidades son individuales. En un Estado de Derecho, cada uno es responsable de lo que hace tanto ante un tribunal ordinario como ante un organismo regulador, autorregulador, voluntario o de oficio. Yo no comparto mi responsabilidad con el resto de la prensa; yo respondo de mis actos.

¿"Los horrores de la guerra son suficientemente conocidos y no necesitan ser redescubiertos ahora", como afirma el CIC?

Cada guerra es diferente. Si hemos de hablar de la de Irak en concreto, he de decir que los horrores de este conflicto necesitaban no sólo ser redescubiertos, sino simplemente descubiertos. Cuando el CIC cita como ejemplos de transgresión deontológica las imágenes de la niña víctima de los bombardeos sobre Basora y la del niño Alí Ismail Abbás, mutilado por un misil en Bagdad, lo cierto es que ambos casos eran una noticia muy importante. Contrariamente a las declaraciones de los gobiernos protagonistas de la invasión de Irak, que aseguraban que era una guerra limpia y sin apenas daños colaterales, estas fotos demostraban lo contrario.Condena estas dos fotos y legitima la de una niña huyendo del napalm en Vietnam, que califica como ejemplo positivo de "ganas de vivir".

¿No es una contradicción?

Me parece un razonamiento absolutamente débil, pero aún es más preocupante, en mi opinión, la justificación de esa foto -que yo hubiera publicado, por supuesto-. ¿Sobre qué bases se sustentan las ansias de vivir? ¿En qué código deontológico se recoge que una cosa es publicable si refleja las ansias de vivir y que otra no lo es si no muestra esta actitud? Si nos rigiéramos por este argumento, no publicaríamos la noticia de ningún suicidio o de ningún accidente. No publicaríamos nada. Además, existen muchas interpretaciones de esa instantánea: desastre, dolor, desconcierto, desorientación, búsqueda y un largo etcétera, además de la apuntada por el CIC. En definitiva, puede haber tantas lecturas como observadores.Detrás de cada imagen de guerra hay un periodista; y muchos han muerto por hacernos llegar su testimonio.

¿No es un tanto desdeñosa la actitud que transmite el CIC con su denuncia?

La fotografía es buena porque ayuda a que la gente se movilice en contra de una situación en Sierra leona, en los Balcanes o en otros lugares en conflicto, pero yo no haría una argumentación épica o heroica del trabajo de los informadores. Simplemente, si ocurre un hecho relevante hay que informar de ello, independientemente de los efectos sociales que suscite. Y si con esta actuación se ayuda un poco a mejorar la condición humana, personalmente me alegraré, incluso como colectivo estaremos más contentos, pero ésta no es nuestra labor.

¿Y cuál es?

Nuestro trabajo es preguntarnos si una información es relevante en el entorno en que nos movemos, si debemos publicarla o si podemos secuestrarla. Esto último es lo que parece querer transmitir, de forma inquisitorial, la declaración del CIC. Dice: "Se ha querido añadir dramatismo a un hecho trágico por sí mismo y se ha querido buscar el éxito fácil que proporciona la morbosidad." ¿Quién ha querido? Con esta especie de condena abstracta, que por otra parte no tiene ninguna utilidad, está imputando una voluntad sin demostrarlo.

¿Cómo se puede condenar algo por su inmoralidad a través del mismo morbo, la muerte ajena y el dolor sin ofrecer ningún tipo de argumento?El CIC sostiene que se ha transgredido la deontología y el "buen gusto"...

En su declaración sólo hay una referencia al artículo 11 del Código Deontológico de los Periodistas Catalanes, que reza: "Tratar con especial cuidado toda información que afecte a menores, evitando difundir su identidad cuando aparecen como víctimas." ¿Por qué no continúa la frase del citado artículo, que precisa entre paréntesis "excepto en el supuesto de homicidio"? Quizá porque el caso de la niña de Basora y el niño Alí, aunque no cumple este supuesto, sí está muy cercano al homicidio. Por otro lado, el CIC manipula el código en su denuncia, pues no creo recordar que en él se hable del buen gusto. ¿Quién determina este concepto? ¿Dónde se encuentra esta norma? En definitiva, el CIC fragmenta la exposición de las reglas en su dictamen, las interpreta arbitrariamente y, al mismo tiempo, no argumenta el porqué de las conclusiones.

Con su declaración, el CIC ha abierto una polémica. Si es usted partidario del debate, ¿qué puntos le parece indispensable tratar?

Yo estoy a favor del debate, pero me gustaría discutir sobre algo más sensato, como el conflicto de intereses entre el derecho a la intimidad y el derecho a la información. Los periodistas debemos intentar encontrar la mejor manera de servir al ciudadano, procurando erosionar lo mínimo posible un derecho sólido e importante como el de la intimidad. No obstante, este derecho no tiene la misma preeminencia que el derecho a la información, según se deriva de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional desde la sentencia "Tiempo". En cualquier caso, para publicar una foto, ésta ha de ser relevante, significativa y noticiosa -como cualquier texto-. Y las dos fotos que el CIC incrimina lo eran mucho.

¿La sociedad tiene el derecho a juzgar por sí misma las imágenes sin censura?


Es verdad, como advierte el dictamen, que hay que ser cuidadoso con el morbo. A veces, una foto inteligente, que no sea puramente descriptiva, sino más bien sugerente o filosófica, puede explicar mejor todo lo que sucede. Pero la aplicación de la doctrina que preconiza el CIC en su declaración es antiperiodística. Es la misma filosofía que llevó a las grandes cadenas de televisión estadounidenses a suprimir las imágenes de las víctimas del 11-S arrojándose por las ventanas de las Torres Gemelas. ¿Qué constitución, código deontológico o manual concede a los periodistas el derecho a erigirse en censores de la realidad? Otra cosa es que tengan el deber de seleccionar los aspectos de la realidad que consideren más relevantes. ¿Pero censores por causas pretendidamente morales? Entonces tendríamos que ser filósofos, teólogos, juristas o la suma de todos ellos, pero no periodistas.

A juicio del CIC también se ha vulnerado el artículo 9 del Código Deontológico de los Periodistas Catalanes, relativo al derecho a la intimidad. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Estoy a favor de respetar el derecho a la intimidad y la imagen de las personas. Pero en caso de conflicto con el derecho a la información, hay que comparar el alcance y la importancia de cada uno de ellos. En ese sentido, creo que la Unió de Professionals de la Imatge i la Fotografia de Catalunya (UPIFC) se equivoca al defender directamente la supresión del derecho a la intimidad.

"El País" publicó hace poco una foto del supuesto torturador argentino Ricardo Miguel Cavallo en calzoncillos. ¿Se vulneró su derecho a la intimidad? Lluís Bassets defendió la publicación dada "la calaña" del individuo y por no tener otra mejor. ¿Qué opina usted?

Las conclusiones de Bassets me parecen adecuadas, independientemente de "la calaña" del individuo. "Interviú" publicó unas fotos del señor Roldán en las que se le veía celebrando una fiesta en calzoncillos. Aunque atentaban contra el pudor, esas imágenes contribuyeron extraordinariamente a configurar la percepción de la conducta de una persona que había detentado altas responsabilidades en la conducción de asuntos públicos. Sin duda, tenían valor informativo, igual que las fotos que mostraban a Francisco Franco lleno de tubos. Pese a lo desagradables que eran y al mercadeo que se hizo con ellas, gracias a esas instantáneas supimos de la proximidad del fin de la dictadura.

España parece ser uno de los destinos apropiados para ciertas fotos impactantes que los medios de otros países rechazan publicar por su crudeza.

Ésa es una cuestión a tener cuenta y que además está relacionada con una cierta hipocresía que en ocasiones practicamos. Por un lado, hemos aprendido a ser muy cuidadosos con las fotos de los actos terroristas perpetrados en España y con las instantáneas de las personas afectadas por ellos. Pero, por otro lado, muchas veces no aplicamos el mismo criterio si se trata de imágenes de muertos en Somalia, Oriente Próximo o Afganistán.

Parece un tema importante para ser tratado con ecuanimidad por el CIC...

Me gustaría que el CIC pusiera el acento sobre cuestiones como ésta. Pero claro, para poder hablar de este doble rasero, primero debería legitimar la publicación de las dos fotos más importantes de la guerra de Irak, en vez de condenarla.

¿Cree usted que un organismo como el CIC tiene validez y debe existir?

Estoy muy a favor de la existencia del CIC, porque la considero un síntoma de madurez de la profesión periodística de este país. Sin embargo, me apena profundamente que su práctica "jurisprudencial" esté minando precisamente la credibilidad de esta madurez y su misma razón de ser.

Antonio Franco, director de "El Periódico de Catalunya"

El Consell de la Informació de Catalunya (CIC) afirma en su declaración sobre la cobertura informativa de Irak que "siempre son malas todas las generalizaciones." No obstante, en su misma denuncia utiliza este recurso. ¿Qué le parece?

En la redacción tenemos una actitud mayoritariamente crítica respecto a ese documento. Con todo, el diario se siente comprometido con ese organismo porque está muy bien que haya una cierta autorregulación y vertebración profesional.

¿Por qué publicó "El Periódico de Catalunya" la tan polémica declaración del CIC?

Decidí darle cabida por militancia, a pesar de que yo tampoco estaba de acuerdo con su contenido.Al día siguiente de recibirla, hice saber al Consell que la publicaba porque tenía derecho a expresar su punto de vista, pero le notificaba mi voluntad de que no acabara todo ahí. Invité a sus miembros a una reunión con un par de compañeros de "La Vanguardia" preocupados por el comunicado, y en representación de la entidad aceptó el encuentro Francisco González Ledesma. No nos pusimos de acuerdo, pero sí avanzamos en el esfuerzo de intentar objetivar argumentos esenciales como el derecho del periodista a dulcificar la realidad y la existencia de redundancia de imágenes sobre la guerra.

En ese sentido, ¿cree usted que los horrores de la guerra son tan conocidos que no necesitan "ser redescubiertos", como defiende el CIC?

Yo sostengo que la gente no sabe qué es una guerra; como mucho, puede tener una imagen global del horror que conlleva. Y en el caso de Irak, las fotografías publicadas han puesto en evidencia la mentira sobre los escasos daños colaterales que se habían anunciado.

¿Se deben maquillar o dulcificar las imágenes duras que informan de la realidad?

Respecto a conflictos como los de Irak, Sierra Leona o Liberia, tenemos la obligación de no dulcificar la realidad. Y aunque no puedo aspirar a que mis lectores oigan el estruendo de un bombardeo y huelan el miedo de quien lo sufre, sí puedo hacer que entiendan y vean lo que significa.

¿Cómo analiza la cobertura que los medios han realizado de la guerra de Irak?

Me atrevo a decir que un 95 por ciento de la prensa ha tenido un comportamiento serio. Y la actuación del 5 por ciento restante no me ha gustado, posiblemente, a causa de mi propio estado psicológico. Me refiero a que una imagen te puede causar un efecto distinto en función de si estás deprimido, eufórico o equilibrado.

¿Tiene derecho el periodista a secuestrar la realidad?

No creo que yo tenga derecho a ver algo que los demás no pueden por el simple hecho de ser periodista. Afirmar que la gente no está preparada para ver según qué cosas me parece un poco fascista y también me recuerda al despotismo ilustrado.

Parece que el CIC no lo entiende así...

El error del Consell reside en enfocar la discusión sobre lo que la gente necesita ver y no sobre si los medios estamos sirviendo la información de lo que sucede de una manera suficiente y correcta. La causa de esta limitación se debe, probablemente, a que el CIC no ha hecho una reflexión madura sobre lo que significa vivir actualmente en la sociedad de la información. Pero aún equivocándose en sus manifestaciones, creo que este organismo presta un servicio a la profesión y al mundo de la comunicación.

¿La sangre vende?

Se han hecho tonterías con la imagen gráfica para vender más, sin ninguna duda, pero yo diría que eso sucedía bastante más en el pasado, en el contexto de una sociedad mucho más reprimida donde la censura impedía ver determinadas cosas. Ahora, la decisión de publicar o no una imagen no está determinada por las expectativas de ventas, sino por las sensibilidades de cada diario o revista. Así, ver o no ver un determinado tipo de cosas depende bastante de la voluntad de cada persona, porque la gente conoce perfectamente qué puede encontrar en cada uno de los medios.El debate está abierto.

¿Cómo se debe plantear en su opinión?

Lo razonable sería mantener una discusión distendida y serena en el Col·legi de Periodistes de Catalunya. Además, deberíamos reunirnos con compañeros de Madrid para conocer sus argumentos sobre este tema. De esta forma, la próxima vez que tengamos un conflicto de este tipo en el consejo de redacción tendremos más posibilidades de equivocarnos un poco menos o de acertar un poco más.

¿Sería práctico que participaran en esta discusión personas ajenas a la profesión periodística?

Me gustaría que tomasen parte lectores o profesores universitarios para detectar actitudes de los medios que les resulten rechazables. Yo trabajo para un público determinado, y si lo que hago le inspira un cierto rechazo, dejará de comprar mi diario.

Albert Sáez, director adjunto de "Avui"

¿Qué opina sobre la declaración del Consell de la Informació de Catalunya (CIC) en la que condena de forma generalizada a los medios por la cobertura de la guerra de Irak?

Sobre la nota del Consell pienso dos cosas: la primera, que es absolutamente coherente con el Código Deontológico de los Periodistas Catalanes; y la segunda, que las acusaciones generalizadas me parecen aceptables en las tertulias de café, pero no en los manifiestos de un organismo profesional. El CIC debería precisar "este diario", "este periodista", "este señor". Cada uno es responsable de sus actos.

Por eso el diario "Avui" dejó clara su postura cuando surgió la polémica sobre las fotos de la guerra de Irak, ¿no?

En un consejo de redacción se decidió publicar un editorial titulado "Por qué lo hacemos así", en el que explicábamos que cada medio debe reflexionar y decidir cómo muestra la realidad. En el caso de la guerra de Irak, considerábamos que el impacto de las imágenes era distinto en la portada que en el interior del diario. Entonces decidimos -y lo mantuvimos durante todo el conflicto- que las imágenes de mayor crueldad e impacto visual las publicaríamos en el interior en blanco y negro, y que en el exterior mostraríamos los planos más generales, sin ocultar nada, pero sí intentando no herir ninguna sensibilidad.

El CIC afirma que la gente ya sabe lo que es una guerra y que la reiteración de imágenes es gratuita. ¿Está de acuerdo?

Creo que deberíamos empezar a pensar en los efectos que provocan las imágenes en la gente, ya que normalmente trabajamos con planteamientos excesivamente intuitivos. Existe la hipótesis de que hay una línea muy fina que separa el impacto de la saturación, y en eso podría estar de acuerdo con una parte del planteamiento del CIC. En el caso de Irak, pienso que la sociedad estaba muy predeterminada a esperar que aquello sería un horror, porque entendía fácilmente que una banda represora de gángsters, hinchada por la propaganda, no era enemigo para la mayor maquinaria de guerra del mundo. ¿Pero obligaba eso a eliminar ciertas fotos? Insisto en que esa es una decisión que hay que dejar en manos de cada medio. También estoy bastante de acuerdo en que, en todo caso, debe aplicarse la legislación general, como mantiene la Unió de Professionals de la Imatge i la Fotografia de Catalunya (UPIFC).

¿El Código Deontológico de los Periodistas Catalanes no restringe un tanto la libertad de información?

El código impone una autolimitación excesiva, ya que antepone voluntariamente una serie de derechos a la libertad de información. Creo que nunca deberíamos habernos restringido nosotros mismos; únicamente nos deberíamos haber comprometido a respetar el derecho a la intimidad de las personas, excepto en caso de conflicto con nuestro derecho a la información.

Pero cuando se modificó el artículo 9 del código durante el IV Congreso de Periodistas nadie se opuso y se aprobó por unanimidad...

Pienso que el grado de participación en estos congresos es mínimo, sobre todo por parte de los profesionales que trabajan en los medios. Asimismo, discutir el código deontológico está mal visto, es políticamente incorrecto. Personalmente creo poco en estos documentos; confío más en la legislación, en la pluralidad y en la creación de mecanismos dentro de la propia profesión que primen, premien y potencien el buen periodismo, al margen de criterios comerciales. Un ejemplo de este buen periodismo sería el interesante trabajo de Juan Guerrero.

¿La falta de práctica en el oficio de algunos miembros del CIC puede ser la causa de comunicados tan controvertidos como el que nos ocupa?

El CIC no cuenta con ningún informador gráfico en su organigrama, una ausencia flagrante. Por eso, habría que explicar a sus miembros, intelectuales de diferentes profesiones y algún periodista, las claves de cómo funciona el oficio. Y si hubieran tenido la mínima prudencia, podrían haber consultado a un profesional antes de escribir la declaración, porque la teoría de la niña vietnamita está un poco pillada por los pelos... Tampoco ayuda a evitar estos comunicados la actitud servil del Colegi de Periodistes, que ha venido a decir algo así como: "Bueno, la gente nos critica y tiene razón."

Goretti Palau, directora de la revista "Capçalera"

La aparición de la fotografía del niño mutilado en la guerra de Irak en "Capçalera" parece contradecir el dictamen del Consell de la Informació de Catalunya (CIC) que condena su publicación.

Cualquier fotografía que describa el horror de lo que significa una guerra me parece esencial y obligatoriamente publicable. Yo creo que la única forma de que la gente sea consciente de lo cruel e inhumano que es un conflicto es hacerles ver cuáles son sus desastres, sus consecuencias y secuelas. Cualquier prueba que ayude a sensibilizar a la sociedad para enfrentarse a este tipo de actuaciones es válida. Y más cuando son guerras provocadas, inútiles y gratuitas, como ha sido la guerra de Irak.

¿Hubo alguna reticencia en el consejo de redacción de la revista sobre esta decisión?

Prácticamente, ni nos planteamos no publicar la foto. Se acordó tratar lo que ha significado esta guerra tanto desde el punto de vista humano como, especialmente, desde el punto de vista profesional del periodismo. Y la fotografía del niño bagdadí Alí reunía, por un lado, el horror de la guerra, y por otro lado, el trabajo de un periodista que la cubre. En estos dos aspectos, su aparición en la revista del Col·legi de Periodistes de Catalunya (CPC) quedaba plenamente justificada. Lo teníamos tan claro que incluso la publicamos en color, a diferencia de muchos periódicos que la trataron en blanco y negro.

La declaración del CIC alude a sentimientos, deontología y "buen gusto", entre otros motivos, para condenar la publicación de la fotografía de Alí y la de la niña de Basora.

No nos planteamos la posibilidad de que la foto de Alí pudiera herir sentimientos o no, porque nuestro público no es el general. Publicar esa instantánea en una revista como la nuestra, dirigida a profesionales del periodismo, no fue ni un acto gratuito de sensacionalismo ni un intento de incrementar ventas. Al contrario, nuestra intención era ilustrar un tema inherente al oficio, el reportaje de guerra. Cuando me preguntaron por qué habíamos publicado la imagen en cuestión, recordé que aquellos días se exhibía en el CPC una muestra fotográfica titulada "Los desastres de la guerra". Esta exposición, coorganizada con la Unió de Professionals de la Imatge i la Fotografia de Catalunya (UPIFC), recogía las secuelas de diferentes conflictos: personas mutiladas, casas destruidas… En consecuencia, consideré que el CPC no era contrario a la divulgación de este tipo de imágenes.

¿El periodismo catalán y español tiene algo que ver con ese sensacionalismo que aprovecha ciertas imágenes duras para vender más?

No creo que se vendan más diarios por el hecho de publicar una foto impactante. Otra cosa son los medios de comunicación que ya están especializados en la sangre, porque el motivo de su venta ya es otra historia.

¿Deberían tener más cuidado los medios cuando publican ciertas fotografías?

La decisión de difundir imágenes "duras" debe depender de si aportan información complementaria o no. A veces, una piensa que existe cierta precipitación al hacerlo y que está motivada por la novedad, por su impacto visual, por la sequía informativa… Ocasionalmente, he visto alguna foto que ha herido mi sensibilidad, pero no tanto por ver una mujer con las piernas cortadas por los efectos de una bomba o por la visión de cuerpos ensangrentados en lugares en conflicto como Liberia. Eso ofende mi sensibilidad como a cualquier mortal; pero no me ofende profesionalmente, porque todo lo que sea sensibilizar sobre los dramas que acontecen me parece normal. Yo sí me siento herida, por ejemplo, por la publicación de determinadas fotografías de muertos que no son noticia. Un muerto en accidente de carretera no es noticia para mí, y he visto alguna vez un cadáver fotografiado sin tapar y pienso en su familia y en que puede herir a determinadas personas. Ese tipo de fotografías sí que las considero gratuitas.

En todo caso, ¿es sintomático de una situación que deriva a la explotación del morbo?

No. En el día a día del ejercicio del periodismo, creo que tanto en Cataluña como en el resto de España la gente es muy cuidadosa con ese tema y, por regla general, no se publican fotografías gratuitas. Por mi experiencia profesional con fotógrafos, me consta que ellos mismos sugieren las imágenes más adecuadas en función de criterios de novedad informativa y de una cierta moderación. Se cuidan las formas y me parece bien que así sea.

¿Debería el CIC replantearse su composición e incorporar, por ejemplo, la figura de un editor gráfico, que en la presente polémica podría haberle sido útil?

Sí, creo que sería oportuno e interesante, pero pienso que más allá de esta figura no debería haber en él más profesionales del periodismo que los actuales. Me parece idónea la representación de la sociedad que compone el Consell para velar que no se transgreda el código deontológico. Pero a mi entender, creo que el CIC sufre algunas carencias. Así, debería reunirse con más asiduidad para poder discutir en profundidad los dictámenes que acuerdan. En el caso de la presente declaración, deberían haber consultado a los profesionales de los medios para investigar el porqué de la publicación de esas fotografías y, sumados a otros elementos, poder equilibrar el tema y disponer de mayor conocimiento de causa para encarar el debate. Tengo la impresión que el hecho de trabajar voluntariamente les impide llegar al fondo de las cuestiones por falta de tiempo. Por ejemplo, los criterios usados para legitimar la fotografía de la niña que huye del napalm en Vietnam y para condenar las dos de Irak son completamente gratuitos. Estoy segura de que si el Consell en pleno hubiera reflexionado y debatido el asunto no hubiera hecho esta diferenciación, que me parece totalmente contradictoria.

Pepe Baeza, editor gráfico de "La Vanguardia"

Es ineludible preguntarle a un editor gráfico y profesor universitario su opinión sobre la declaración del Consell de la Informació de Catalunya (CIC) respecto a la cobertura visual de la guerra de Irak

. Me parece poco afortunada. Puede abrir un territorio a la autocensura o a plantearnos con excesivo temor cualquier fotografía donde aparezcan implicados fenómenos de violencia y crueldad. En cualquier caso, creo que los periodistas no tenemos que sentirnos culpables de una violencia que no hemos producido. Al contrario, pienso que su representación es el mejor camino, o uno de ellos, para prevenirla como mínimo.

A diferencia de las dos fotos criticadas, los efectos de un arma nueva usada en la guerra de Vietnam justifican la foto de la niña quemada por el napalm, según el CIC.

Si ése es el argumento, se debería recordar que había también otras armas nuevas en la guerra de Vietnam que causaron una gran destrucción y mortandad, como las bombas de fragmentación y el agente "Naranja". Pero a mi juicio, ésas son cuestiones secundarias respecto a la principal: los actos de crueldad y de violencia premeditada e impremeditada que se producen en una guerra. Y lo que no podemos es ahorrarnos, ni los periodistas ni los lectores, las consecuencias de esos actos. No tiene ningún sentido establecer una distinción.

¿Los horrores de la guerra no necesitan ser más fotografiados ni filmados porque ya se conocen suficientemente, como sostiene el CIC?

Juzgo negativamente ese planteamiento... ¡No tiene ningún sentido! Tenemos que renovar constantemente nuestro conocimiento y el compromiso de nuestra conciencia con la realidad. Y uno de los elementos que tenemos para hacerlo es el periodismo, incluido el periodismo visual, el fotoperiodismo. Ese sentimiento de reiteración gratuita de imágenes terribles -que puede estar en la calle-, es inexacto y equivocado bajo mi punto de vista.

Numerosos niños han muerto y otros muchos han sido mutilados por las minas antipersona en los conflictos bélicos. Siguiendo el criterio del CIC, ¿se debe omitir la información gráfica sobre ese hecho porque puede atentar contra la sensibilidad?

Los niños son víctimas elegidas, como prueban las minas diseñadas con formas de juguete para que los pequeños las recojan y salten por los aires. Son minas que buscan crear el caos y la dispersión en una sociedad. Si no tenemos la prueba visual del desastre humano que las minas u otras armas causan, restamos argumentos para combatir el horror. Si no hubiéramos tenido las fotos de los campos de concentración y exterminio nazis, donde se recogía todo lo que los verdugos no habían tenido tiempo de ocultar, careceríamos de un elemento valiosísimo para la historia y se hubieran tenido menos argumentos contundentes en el juicio de Nüremberg.

Como editor gráfico de "La Vanguardia", ¿qué criterios utiliza para seleccionar imágenes?

Desde un punto de vista personal, elijo la foto que puede ayudar a tomar conciencia sobre un fenómeno que merece ser corregido. Hay que intervenir en la realidad, y quien no quiera hacerlo es un mal periodista. Yo no concibo ni entiendo un periodismo tan absolutamente neutral que no quiera intervenir y echar una mano en los fenómenos de exclusión, de injusticia y de violencia.

Un ejemplo cercano es el drama de las pateras, con sus 300 ahogados por año. ¿No?

Hay que sacar esas fotos; y más aún, hay que ir descubriendo la manera más eficaz de hacerlo. Javier Bauluz dio un paso adelante significativo en ese sentido. Mientras otros fotógrafos excelentemente bien intencionados iban captando lo que tenían delante -el ahogado, los muertos-, Javier Bauluz supo además hacer otra cosa: relacionar ese drama con la indiferencia, el fenómeno social que hace posible que siga ocurriendo. En general, no hemos sabido hacer un periodismo tan efectivo como para alterar la dinámica social de indiferencia que existe en este país respecto a esa tragedia. Bauluz fue muy eficaz y seguramente eso le ha traído problemas. Otros trabajos menos eficaces -aunque bien intencionados- han tenido mejor suerte.

¿Hay que poner límites a la información en determinados temas?

Los periodistas debemos adoptar decisiones sobre la cantidad inabarcable de informaciones que ofrece el mundo. Tener que escoger las más significativas y darles el tratamiento adecuado comporta la posibilidad de pasarse o de quedarse corto. Lo que no podemos hacer es ponernos un límite antes de plantearnos personalmente ese riesgo. No podemos negarnos a publicar las fotos que muestren los efectos de la violencia bélica sobre los niños, porque estaremos aplicando un criterio de censura sobre una parte de la información que no llegará a los lectores.

Dada la polémica suscitada por la declaración del CIC, ¿considera imprescindible un debate sobre el tema?

Creo que ese debate hay que reabrirlo, porque no dudo de la buena disposición y de la rectitud de espíritu de las personas que han elaborado ese texto. Y lo creo porque les respalda toda una trayectoria de muchos años. Me parece que en la declaración del CIC hay errores humanos y apreciaciones incorrectas -a lo peor por precipitación o por falta de intercambios de puntos de vista- que pueden solucionarse volviéndola a plantear y dándole a cada uno la oportunidad de revisar sus posturas.

José Luis Márquez, cámara de Televisión Española en Israel galardonado con el II Premio Miguel Gil Moreno de Periodismo

¿Deberían no captarse las imágenes que vulneren el código deontológico de la profesión?

Las imágenes de los hechos se han de registrar por muy duras que resulten y guardarlas en un archivo, como mínimo. Darlas a conocer o no depende de la discusión que se haga sobre cada una de ellas. En el caso concreto de las guerras, hay que reflejar el horror para que la gente se entere de lo que son y para que conozca el sufrimiento de las personas afectadas.

¿Incluso cuando se trata de imágenes tan terribles como la del niño iraquí Alí Ismael Abbás, sin brazos y con el cuerpo quemado en un 35 por ciento?

Estuve buscándolo hospital por hospital y, de haberlo encontrado, lo hubiera filmado. Sí grabé a unos niños a los que les había explotado una bomba cuando jugaban con ella en la calle. La imagen era espantosa, pero se emitió. Creo firmemente que hay que reflejar estos hechos, porque son los horrores de la guerra y la gente tiene que verlos.

Por el contrario, el Consell de la Informació de Catalunya (CIC) dice que los horrores de la guerra son suficientemente conocidos y no necesitan ser redescubiertos ahora...

Durante los dieciocho años que duró la guerra del Líbano, en uno de mis frecuentes viajes a ese país entré en contacto con un katay (cristiano). Me explicó que lo normal por la noche era salir y coger un prisionero (palestino), matarlo y comerse su hígado. Me invitó a acompañarle en una de esas acciones y discutí el caso con mi compañero Manolo Alcalá. Yo estaba decidido a grabar esa monstruosidad si el katay accedía a hacerla delante de una cámara, únicamente para demostrar que era un bárbaro. Aunque al final no se dio el caso, sigo creyendo que las escenas tremendas de las guerras hay que grabarlas. No obstante, también hay que tener delicadeza a la hora de hacerlo, porque siempre se puede conseguir que una imagen sea más o menos dura.

 
 
 
 


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